ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(Matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

“Quien quiera ser el primero…” ¡ Pues claro que queremos ser los primeros.! Sí, pero habría que preguntarse si queremos serlo a la manera de Jesús…
¡Cómo me gustaría ver por una mirilla las discusiones de los discípulos,  los ojipláticos ojos de éstos tras las explicaciones de Jesús, su paciencia con ellos…! Pues seguro que las mismas que tenemos nosotros y eso que disfrutamos de una visión de conjunto mayor que ellos:
– conocemos su nacimiento en un pesebre, su familia humilde,
– conocemos su pasión y muerte.
– conocemos su resurrección.
– la difusión de la Iglesia.
– hemos experimentado la alegría del evangelio…
Sin embargo, caemos una y otra vez en el mismo pecado de autoensalzarnos, de ser vanidosos, de creernos algo, de sentirnos salvados por que ya hemos hecho bastante.
Y es que esto de vivir el evangelio no es para un rato, no. La tensión de estar al servicio del otro, en el momento que nos relajamos, pasa a ser “vida fácil”, sí, esa que no da muchos problemas, pero te deja caer en esa monotonía, que ni fú ni fá, que vives sin más pena que gloria, pero que al final te hace infeliz. El camino del servicio es una “vida difícil”, pero rica en sensaciones y felicidad.
Hacer las cosas gratuítamente sin pararnos a pensar si se lo merecen, si son dignos de ello, viendolo de ese modo, te quita muchos quebraderos de cabeza. Simplemente lo hago y punto.
Que los demás sean felices gracias a nuestro servicio, nos llenará de alegría.
Cuidado también en no disfrutar de la compañía de Jesús, con la oración, con los sacramentos, para llenar de sentido ese servicio, si no, seríamos como unos voluntarios de ONG´s no cristianas. Servir, sí, pero llenos de Jesús que ilumina y da fuerza a nuestro trabajo. Si no, sucumbiremos rápidamente.
El servicio tiene unos pasos a seguir:
– ¿A quien?: a todos. La dignidad de cada hombre viene colmada por ser hijo de Dios y por tanto hermano nuestro.
– ¿Cuánto?: hasta dar la vida. Declarémonos esto entre nosotros, de ese modo sabemos hasta cuánto puedo pedir y dar al otro.
– ¿Cómo? : por supuesto con alegría y llevando a Jesús guardadito en nuestro corazón. Los de cara avinagrada, que se queden en casa. Le quitan la gracia por muy bien que esté hecho.


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