ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Al leer este Evangelio  vienen a nuestra cabeza momentos, en los que nos hemos hecho conscientes que había crecido y germinado la semilla del Reino, sin que nos hubiésemos dado cuenta. Pero ahí estaban los frutos de algo que dimos por perdido, porque al caer en “la tierra”, no pareció brotar. O nos podemos acordar de pequeñas semillas que cayeron en tierra, que a lo largo del tiempo se convirtieron en importantes obras.
Todo esto nos hace albergar esperanza, creer en el misterio de Dios que  todo lo envuelve. Y nos lleva a emocionarnos por esa maravilla. Pero a la par nos entristecemos por nuestra falta de fe en tantos momentos en los que sentimos que nada da fruto, que es un imposible. Olvidamos que nuestra misión es la de sembrar y que es Otro el que se encarga de que crezca y de los frutos.
Os proponemos durante esta semana que para vivir este Evangelio tengamos siempre presente eso, que nuestra misión es la de sembrar, en todos los momentos que se nos presentan en el día a día: cuando escribimos un correo, cuando vamos al supermercado, cuando estamos en el trabajo, cuando nos llaman por teléfono…. Cada palabra y cada acción puede ir impregnada de esa siembra… Invoquemos al  comenzar el día al Espíritu para que nos de la capacidad de vislumbrar cada posibilidad de siembra. Incluso coloquemos en algún lugar visible la palabra “sembrar” para tenerlo presente. Pero no perdamos de  vista que para sembrar, tenemos que estar cargados de simiente, de la semilla que es la Palabra. Hagamos ese acopio constante de semilla del Reino.
Y no queremos dejar de señalar la actitud de Jesús que creemos debe ser la nuestra. Habla a la gente “acomodándose a su entender”, como mejor les iba a calar. Tengamos también nosotros presente al receptor antes de emitir el mensaje. Pero además Jesús se lo explicaba después a sus discípulos en privado, a aquellos que tenían apertura, a aquellos que podían continuar haciendo lo que Él había empezado. Aprendamos de esa sabiduría y no nos perdamos diciendo muchas palabras donde no debemos ni con la obsesión de querer que la siembra crezca ya.


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