¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Cuando llega la Cuaresma todos sabemos que debemos estar atentos a lo que no hacemos bien para poder cambiarlo. Y ponemos especial interés en ello. Esto es muy importante. Pero también es primordial saber lo que tenemos de bueno, reconocerlo y aceptarlo como regalo de Dios, para poder potenciarlo. Cuoriosamente casi siempre nos resulta más fácil lo primero que lo segundo. Aunque tal vez centrándonos un poco en poner al servicio nuestros dones, en fortalecerlos, en desarrollarlos… algunas de las “cositas” que necesitan conversión en nosotros, comenzarían a atenuarse hasta llegar incluso a desaparecer.
Podríamos considerar que la “montaña” más alta de nuestra vida es la de nuestros dones y talentos, regalo de Dios. Es aupados ahí dónde podemos encontrarnos con el esplendor de Jesús transfigurado. Son nuestros dones los que nos pueden llevar a sentirlo especialmente, a entender su forma de vida, que nos deja “deslumbrados”. Es ahí, en esos talentos, dónde nos podemos encontrar “tan a gusto”, como para querer permanecer siempre. Demos cada día gracias a Dios por nuestros dones y pongámoslos al servicio en todas sus posibilidades. ¿Qué puedo hacer yo, desde estos dones, regalo del Padre? Los frutos que lleguen desde ellos serán encuentro con Jesús transfigurado.
“Escuchemos al Hijo amado del Padre”, con especial atención en estos días de Cuaresma. Escuchémoslo leyendo con más intensidad la Palabra. Leamos cada día algún capítulo al menos, a ejemplo de San Antonio María Claret. Escuchemos también al Hijo amado en los acontecimientos del día a día, en lo que nos sucede. Procuremos prestar especial atención a lo que haremos en respuesta a los mismos, para vivirlos como Él haría.
ÚLTIMO PASO: ACTIO
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