ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Esta semana asistíamos al funeral del padre de una familia digamos “poco cercana” a la Iglesia, quizás por sus condicionantes sociales, por no haber tenido la inquietud a acercarse a la parroquia, a celebrar la Eucaristía…
Se veía que vivían la muerte de su padre con una gran angustia, con desesperación…
Nos recordó lo vivido con la muerte de nuestros padres, la gran paz interior que nos daba la fe, la esperanza en que no todo se quedaba allí, que seguían viviendo en el paraiso…
Luego lo comentabamos, no por creernos superiores  a ellos, sino por sentirnos abrumados por el gran regalo que el Señor ha tenido con nosotros.
Siempre deseas recibir algo a lo que agarrarte cuando las cosas se tuerzan, cuando todo se vuelva oscuridad, y nosotros lo habíamos experimentado en nuestras carnes, en la muerte de nuestros padres y la “utilización” de ese don inmenso…también en cómo vivir otros dolores.
En la parábola de los talentos, como don principal, deberíamos valorar sobre todo el don de la fe, la posibilidad de vivirla en comunidad, el haber conocido el Amor de Cristo.
Muy por detrás, pondríamos los talentos de nuestros carismas, nuestra forma de ser, nuestros estudios, nuestra inteligencia, nuestra familia…
La fe debería ser el don a “sembrar” a “fructificar”, a expandir a misionar, y no hacerlo como un deber, sino como quien comparte una alegría, muestra un horizonte bello, ofrece un banquete deseable…Dice el papa Francisco en la Evangelii gaudium que la Iglesia no crece por proselitismo sino por “atracción”. También, en otro lugar dice, aplicándolo hoy al que entierra el talento y no produce fruto, “…prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades.”
Arriesguémonos por tanto y no caigamos en la falsa modestia que nos hace quedarnos atrás. El Señor necesita de nosotros, de nuestras manos, para que su Reino se haga presente en el mundo… y además, al final, nos pedirá cuentas por ello.


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