¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Hoy es la fiesta de la Exaltación de la Cruz y precisamente en estos dias es cuando más debemos mostrar al mundo la fuerza que dimana de ella. Son muchos los que sufren, en un mundo convulsionado por la falta de paz (en Ucrania, en Israel, en Oriente Próximo…), por el paro y la exclusión, por las necesidades económicas de tantas y tantas familias, por el hambre, por la tremenda epidemia del virus de Ébola que azota África…
La verdad es que puede llegar uno a desmoralizarse…pero nos viene este evangelio y esta fiesta para decirnos que, a pesar de todo, el Señor “abajándose” el primero y sufriendo hasta el extremo, nos enseñó que la cruz, el sufrimiento, tiene una fuerza redentora mayor que cualquier cosa. Fué subido a los cielos, cumplió con la voluntad de Dios Padre y está sentado a su derecha. ¿Hay mayor premio que éste…?
Tratemos de aprovechar todos esos momentos de pequeños dolores, de incomprensiones, de fatigas, de desánimos, para ponernos a amar con más prontitud, con más amor y servicio al hermano. De ese modo, ofreciéndolo por el dolor de toda esa gente que sufre, nos veremos útiles en paliar su tremendo sufrimiento. Descubriremos una fuerza y una alegría nueva que nace de ese “olvidarse de uno mismo” para ser Jesús que se ofrece para redimir.
Por tanto, abrazar esa cruz teniendo en cuenta tres premisas:
–Siempre: cada dolor, pequeño o grande, vale. No nos aminalemos por el que sea muy grande o desechemos el pequeño.
–Enseguida: no esperemos a ver si pasa, en otro momento, quizás más tarde…No, ahora, ¡YA!
–Con alegría: sin caras avinagradas, resueltos, sin que se nos note que estamos mal…