¿A qué nos lleva el texto?
(hombre, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Este episodio de los apóstoles con Jesús, después de vivir la semana pasada el del joven rico, nos debe hacer caer en la cuenta que, por muy cerca que nos pensemos que estamos de la religión, de Jesús, de sus cosas…no podemos nunca perder la tensión en buscar el Amor, no podemos perder el Norte, reconocer cada mañana, cuán torpes somos y ponernos en las manos de Dios confiando en que sólo seremos algo en la vida si entendemos su Palabra desde el corazón, desde lo más profundo de nuestro ser. Lo demás, son sólo falsas aspiraciones, frágiles motivaciones que, con una suave brisa, se vienen abajo enseguida. Hoy estamos prometiéndole a Dios-Padre, amor eterno, que va a ser el centro de toda nuestra vida, y mañana, estamos traicionándolo por un puñado de monedas. Invertir nuestro tiempo en conseguir poder, riquezas, prestigio y reconocimiento de los demás, es una empresa ardua que nos puede ocupar las 24 horas del día, pero que, a la postre, nos lleva a ser infelices. Aparentar lo que no somos, al llegar a casa y mirarnos al espejo, provoca una tremenda decepción, vivir en una mentira, jamás ha sido una base para crear vida, antes de ello, se derrumbará como un castillo de naipes.
El Padre Claret, al encontrar una moneda en el bolsillo de su sotana, se alarmó, era tan desprendido que ese sólo hallazgo, ponía en peligro su libertad y dedicación al Señor, rápidamente se desprendió de ella dándosela a los pobres para no tener ninguna atadura. También, tras sus preciosas homilías, cargadas de fervor y amor a Dios, no pocos eran los convertidos y muchos se acercaban a alabar a tan buen misionero y orador. Él huía de esas adulaciones y ensalzamientos de su persona, le provocaban incluso caer en crisis por la tentación de sentirse alguien importante, por adquirir poder sobre el pensamiento de los demás.
Este gran santo, al igual que otros, entendieron perfectamente la fórmula que nos dio Jesús para no caer en esa tentación, y no es más que el practicar el servicio para con los demás, es el servir al hermano lo que nos santifica, lo que purifica nuestra alma de pretensiones y búsqueda absurdas de medallas y puestos de poder.