¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El día de la Santísima Trinidad, es un día para alabar, glorificar e incluso meditar sobre este gran misterio. Jesús no quiso ser Él sólo, ni un hijo del Creador con autonomía para decidir o para obedecer por imperativo paterno. Como todo lo que nos transmitió, quiso que recibiéramos toda la Verdad, toda su esencia. A mí me hace reflexionar la relación de Amor tan estrecha que tienen Padre e Hijo capaz de “generar” una tercera persona, el Espíritu Santo que es el cemento, ese Amor tan perfecto.
Nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Por tanto, Él quiere que en nuestras relaciones llegue a hacerse presente este amor. Jesús pidió una cosa muy importante al Padre en su momento de mayor dolor y pasión que todos fuéramos uno, como ellos lo eran, para que el mundo creyese.
No sé si a vosotros os ha pasado, seguro que sí, cuando tratamos de llevar adelante un proyecto y te “haces nada” para acoger la idea del otro, cuando pones a Jesús en Medio para optar por una u otra opción…ese proyecto y lo más importante, la relación de amor recíproca con el otro, adquiere un cariz muy especial, da un salto de calidad. Me gusta, aunque seguramente no sea muy teológico( ya sé que es un misterio y no se puede simplificar, ni disociar…), atribuir tres verbos a las tres personas: crear, para el Padre, redimir, para el Hijo y santificar para el Espíritu Santo. Nada sería igual si cada acción de Dios no englobara al mismo tiempo estos tres verbos, no sería perfecta.
Intentemos en nuestro día a día preguntarnos al hacer algo si estamos intentando crear una relación de amor verdadera, si con ello somos capaces de redimir y dar la dignidad que merece a la persona que tenemos en ese momento delante, y si eso nos ayuda a santificarnos tanto individualmente como en conjunto. Creo que el camino a una santificación colectiva, es muy exigente, pero nos puede hacer percibir en cierta medida, el Amor que circula en la Santísima Trinidad.
Y, por supuesto, si algo hemos conocido del amor de Dios, debemos hacer caso a la misión encomendada por Jesús, id, anunciad y haced discípulos míos. Es una gracia que no podemos quedarnos para nosotros solamente, nos tiene que quemar por dentro el deseo de compartir esta experiencia de haber conocido a Dios-Amor.