¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Una virtud muy cotizada hoy en día, la ARMONÍA. Es lo que más deseo en mi vida en estos momentos y deseo que el Espíritu Santo, en el día de su venida, como hizo con los apóstoles, me conceda.
Por el carisma de nuestro movimiento seglar al que pertenezco, siento que debo contar aquello que me llenó y colmó mi vida, que Dios me ama inmensamente y que me permite devolverle ese amor, amando al prójimo. Ese descubrimiento y su experiencia diaria es grandiosa. Pero la forma de contarlo, sobre todo con la vida, aunque también con la palabra y los hechos en los sitios donde normalmente me muevo, necesita que refleje esa armonía de todo su conjunto, en mi forma de expresarme, en mi tono de voz, en mi forma de vestir, en la utilización del tiempo, sin prisas, pero sin pausas… Mi evangelización, a lo que siento que Dios me llama, no puede ser un actuar de una manera ansiosa, con un activismo enfermizo y un desorden. Es el Espíritu Santo el que infunde esa armonía pura, esa vida intensa y plena pero al mismo tiempo cargada de una inmensa serenidad. Aquel que nos vea contar nuestra experiencia y nuestra forma de vivir con esa serenidad y armonía, lo captará de una manera especial, porque hablará nuestro corazón lleno de Dios, no nuestra boca.
En el mundo en que vivimos, con tanta prisa, con la inmediatez a flor de piel, intentando solucionar las cosas sobre la marcha, casi sin pensar y sobre todo, sin orar, casi sin tiempo para discernir delante de Dios, necesitamos imperiosamente su presencia en nuestras vidas. Debemos calmar esa inquietud interior, aquella provocada por la ansiedad al perseguir las cosas de este mundo, porque eso nos provoca nerviosismo, irascibilidad, sensación de estar incompletos, imperfectos, tratando de aparentar lo que por dentro no somos. El Espíritu Santo actúa como un médico del alma, sabe poner las cosas en su lugar, de manera que la carga que estamos llevando no sea tan pesada. Sólo Él es capaz de provocar cambios profundos en nuestra interior, que experimentemos a Dios de una manera auténtica.
Sintámonos escogidos, elegidos por Dios de una manera particular y procuremos descubrir aquel reflejo de Jesús que quiere que nosotros demos al mundo, porque somos únicos e irrepetibles. Cada persona tiene un valor inmenso, de todos podemos aprender algo, no nos cerremos en nuestras ideas. El Espíritu Santo nos irá mostrando a cada uno, cual es nuestra misión a la que nos llama a cumplir, pero sobre todo, lo que Él quiere es que vivamos nuestra vida con ganas, que nos entreguemos ahora, a lo que toque vivir, con renovada intención, vivir el momento presente con pasión.
¡Feliz venida del Espíritu y que tengamos el corazón preparado para acogerlo!