ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Nuestro cuerpo y nuestra alma son templo de Dios ¡Cuántas veces lo profanamos! Cada vez que nos cegamos y no dejamos actuar al Espíritu Santo, cada vez que apoyamos nuestra seguridad en nosotros mismos, cada vez que buscamos nuestras propias recompensas, cada vez que nos justificamos en nuestra mediocridad, cada vez que… tal vez podríamos resumir esas ocasiones en cada vez que no contamos con Dios en nuestra vida. Mal camino tomamos cuando no está iluminado por Dios. Todos lo sabemos por propia experiencia. Ya lo dice la Secuencia del Espíritu Santo: “mira el vacío del hombre cuando no envías tu aliento, mira el poder del pecado si tú le faltas por dentro”. Sin embargo, también dice: “entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos (…) riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo”.

¿Te parece bien que tratemos de vivir en Su presencia todos los momentos del día, y todos los días de la semana?

Para evitar que nos despistemos, podemos tener varios momentos del día de “conexión” con el Señor, como al comenzar el día, en la hora del Ángelus, antes de acostarnos…, podemos apoyarnos también en la liturgia de las horas, sumándonos al rezo de Laudes o Completas, o alguna otra hora canónica.

Si no estamos habituados, podemos empezar con pequeños propósitos, y si hace falta, hasta ponernos una alarma diaria discreta que nos recuerde nuestra actividad más importante en esos diversos momentos.

Además, da sentido de comunidad cristiana saber que no estaremos solos buscando esta comunión con Dios, estaremos con varios hermanos de fe repartidos por distintos lugares pidiendo que la luz de Dios se derrame sobre nuestros corazones en los mismos momentos del día.

Aunque alguna vez desfallezcamos, merecerá la pena seguir en esta dinámica.


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