ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

El mundo, consume cantidades ingentes de energía en intentar hacernos felices por caminos que, incluso a priori, saben que son equivocados, que son una felicidad pasajera (“cómprese este coche”, “haga este viaje”, “vista de esta forma y con esta figura…”).
En este pasaje del evangelio, Jesús se autoasigna categóricamente los tres principios claves que uno necesita para vivir: el Camino, la Verdad y la Vida.
– el Camino: viendo al hermano, aún al más humilde, reconocemos a Dios en él. El hermano no es un artículo que haya que tolerar; es un medio para vivir. Nosotros lo necesitamos para llegar a Dios y por consiguiente a la vida, a la felicidad. Si dondequiera que encuentras al hombre lo amas, automáticamente introduces en ese amor, el Amor de Dios, la liberación del mal, la admisión del bien (la maldad no se derrota con cañones, sino que se desenvenena con amor).
– La Verdad: La Ley del Amor que trajo Jesús es la ley del Reino de los Cielos. Al compartirla con nosotros el Señor, ahí está la novedad, pretende que ésa sea la Ley que nos rija y nos haga vvivr en plenitud. El hombre está hecho por amor y está hecho para amar; vive en la medida en que ama.
– La Vida: intentar convertirnos en un todo con Jesús, esto es, pensar como Él piensa, querer lo que Él quiere, vivir como Él vivió…esto nos liberará de condicionamientos humanos, nos infundirá alegría, paz, sencillez, luz y la ansiada plenitud de vida.
No nos compliquemos mucho las cosas, si Dios está en el cielo, en la tierra y en todas partes, podemos llegar a Él por mil cauces, en cualquier momento de la vida, tiempo y lugar.
Simplificando mucho, recordemos las palabras de S. Agustín, “ama y haz lo que quieras”. Pidamos a la Virgen María que seamos capaces de atender a tantas “señales” que Jesús, con su vida, desde que nació humildemente en un pesebre, hasta que murió por amor en la cruz, nos ha ido dejando para iluminarnos nuestro caminar.


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