¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Los motivos de conflicto con alguien pueden tener causas muy diversas. Diferir es algo implícito a la vida misma, pues no cabe duda de que la vida no es un excel, en el que todo encaja a la perfección según nuestro gusto, y también es cierto que cada uno es de su padre y de su madre.
Dando por hecho que esto es así, el reto está en nuestra actitud como respuesta, en cómo miramos al otro durante una disputa. Aunque nos escueza, esforcémonos por amar al prójimo ahí, en esa situación. En este comentario no vamos a dar clases de moralidad a nadie, ni de cómo abordar un negociación para intentar que en la relación todos ganen o que no sea una relación ganar-perder, que no hace sino generar resentimiento, agrandar la brecha y avivar el conflicto.
Sólo te sugerimos poner la situación en manos del Señor, pedirle humildad para que no salga nuestro ego a relucir, y sabiduría para actuar mirando al otro como a un hermano, y desde la idea de que muy probablemente ninguno esté en posesión plena de la verdad. Que, como a los ciegos curados por Jesús en las lecturas de esta semana, nosotros seamos capaces de ver: que la otra persona puede tener su parte de razón, que también se siente herida, que la mediocridad que pienso del otro también me la puedo aplicar a mi, porque tal vez yo no sea tan perfecto, y que si por el momento no es posible tender puentes en las relaciones, podemos empezar a tenderlos desde el corazón. Y recordar que el mal no toque nuestro corazón, actuar con los mismos criterios de justicia y responsabilidad que hacia los que no nos agravian, y dar bien por mal, que el Señor, con nuestra predisposición plena, se encarga de que haya algún cambio a mejor, o en el otro o en mí.
¿Tienes algún caso que poner en manos del Señor para que con tu ayuda, construya el Reino?