¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Después de tanto ajetreo, de fiestas, comidas, familia, regalos…y que «también» ha nacido el niño Dios… ¿Qué nos ha quedado?. Qué posos perduran en nuestra alma de lo que ha significado la Navidad. Ahora nos dan ganas de ponernos la armadura y de ponernos a luchar en la vida. Con la armadura se acabarán las sensiblerías, el estar atento al otro, lo de descansar a gusto con la familia, lo de llamar a la abuela que estaba malita, lo de entablar una relación más profunda con la vecina…
En el evangelio descubrimos a Jesús, como siempre, intentando cumplir la voluntad de Dios, aunque tenga que ser bautizado por un «subalterno». Sin embargo, tiene su significado, es el comienzo de su vida pública, de su misión.
Nosotros también hemos sido ungidos por el Espíritu, estamos en plena misión. Al terminar el periodo de la Navidad, tenemos que tomarnos nuestras obligaciones, laborales, familiares, apostólicas… como si todo fuera un continuo cumplir con la misión que tenemos, que nada signifique un paréntesis, un alto en el camino. Debemos ser personas íntegras y comprometidas antes y después, mantener el ritmo, como los corredores de fondo. Si hemos dado pasos adelante en Navidad, vamos a afianzarlos, a acrecentarlos, vamos a mantener vivo siempre el espíritu de la Navidad. Y nada de corazas, a los demás los tenemos que tratar con la suavidad de una seda.