ÚLTIMO PASO: ACTIO

 

¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Tiene que ser “chungo” que tú crees algo tan grande como las maravillas de la tierra y al hombre a tu imagen y semejanza y que vengas a tu casa, te echen, que intentes enseñar que el camino que han cogido aquellos que creaste no es el que están siguiendo, que están equivocados, que así no se llega a la plenitud, y en vez de acogerte y darte las gracias, te maltraten, te escupan y te maten. Y sin embargo así hemos respondido al Señor y seguimos respondiendo, cada vez que lo traicionamos con el pecado, a su llamada a la santidad. Sin embargo, Él responde con amor, con paciencia, con ternura para con nosotros.

No soy de los que le gusta creer que todo está predeterminado por que quizás, de esa manera tiendo a relajarme en mi búsqueda diaria de la voluntad de Dios, en mi discernimiento en lo que debo hacer o no. Es como si coartaran mi libertad, pero con el paso de los años, pasando los 50, estos razonamientos de joven, van cambiando por sí solos, cuando miras hacia atrás, vas descubriendo que en tu vida de fe, se percibe ese “fino hilo de oro” que ha ido entretejiendo esa “Historia de Salvación”, descubres que aquellos momentos dolorosos me llevaron a madurar fuertemente en la fe, percibes cómo aquellas personas que te acompañaron, no estuvieron por casualidad, Dios los puso justo en el momento en el camino para enseñarme, para advertirme que no debía desfallecer. Los momentos gozosos, mi matrimonio, el nacimiento de los hijos, cómo los ves madurar y ser buenas personas, cuando creías que podían “torcerse”, igualmente fueron importantes, me llenaron del amor de Dios. Todo no fue una casualidad, tenía su porqué. El Verbo estaba ahí, antes de yo elegirle me eligió Él a mí, me cubrió con su Amor dándole sentido a mi vida.

A ese don del Amor de Dios deberíamos responder con acogida, sin reticencias, sin dudar. Todo lo que nos ocurre es para nuestro bien, todo lo permite el Señor porque nos quiere. Eso no se nos puede olvidar nunca y por ello, estamos llamados a abrir de par en par las puertas de nuestro corazón a la Verdad,  a su Palabra, a llenarnos de su Amor infinito. Estamos llamados a ser santos, que es lo mismo que, estamos llamados a ser felices, a vivir en plenitud.

Intentemos buscar ese “hilo d


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