¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, dos hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Coincide este domingo último del año, con el día de la Sagrada Familia. Es una hermosa coincidencia. Os proponemos algunas opciones para actuar desde el Evangelio de este domingo.
-Intentemos encontrar un espacio personal, para la oración y reflexión, que nos ayude a echar la vista atrás y mirar este 2017 que acaba, desde la perspectiva de nuestro compromiso. ¿Soy digno de llamarme cristiano?
-Busquemos un tiempo para hacer con nuestra familia aquello que le pueda hacer más bien, aquello que la ayudar a parecerse a la familia de Nazaret. Puede ser el simple hecho de estar todos juntos haciendo una actividad, un tiempo especial de diálogo… Procura alejar a tu familia del consumismo tan alejado de la primera Navidad.
-Tratemos como si fuese de nuestra familia a alguna persona que sepas que está sola, enferma, algún inmigrante, algún anciano… Acércate a él o a ella. Hazle sentir acompañado, querido, respetado…
-Oremos por la familia que es la Iglesia y tomemos alguna iniciativa seria que nos implique en la mejora de la misma, en hacer de la Iglesia un lugar en el que todos tengamos cabida…
-Puede ser este último día del año, momento de hacer un ejercicio de reflexión y pensar si podríamos decir como Simeón: “…puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” ¿Han visto nuestros ojos al Salvador?
-Como la profetisa Ana… busquemos espacios para servir a Dios en nuestra vida cotidiana, momentos para darle gracias, oportunidades para hablar del Hijo de Dios a todos.
Y no olvidemos en el año que nos llega que al igual que el Niño Jesús “iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”, también nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a que cada día sea más fuerte y robusta. Debemos abrirnos también a la sabiduría y la gracia de Dios y dejar que Él nos acompañe.