¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Este próximo domingo, es la fiesta de la venida del Espíritu Santo, ése gran desconocido pero tan presente en nuestras vidas. ¿Por qué está presente? Pues fíjate, en su misteriosa actuación, por que lo hace a libre discrección, ha derramado sobre cada uno de nosotros una serie de dones, no por igual a unos y a otros, y con ello ha conformado, junto con las virtudes de cada uno, nuestra personalidad.
Las virtudes como la fe, la esperanza o la caridad, si se trabajan y se cuidan, pueden mejorarse.
En cambio, los dones los tenemos, en distinta proporción cada uno, según el criterio de reparto divino que no conocemos, pero hay que ponerlos en práctica. Para ello, es bueno conocer aquel don donde más “cargó la mano”el Señor y aprovecharlo para ponerlo al servicio de los que están a nuestro alrededor. Damos algunos pista para poder detectarlos sin quedarnos en esa falsa modestia que nos hace esconder algo que puede dar sus frutos y no lo hacemos por nuestra desidia y temor al qué dirán.
– Fortaleza: Soy capaz de hacer lo que Dios me pide fiándome, sin miedo a lo que pueda pasar, sea en la adversidad o en la bonanza.
– Sabiduría: es sinónimo de la capacidad para “saborear a Dios”, para descubrirlo y disfrutar de Él en cada momento presente.
– Piedad: es la experiencia mística de la relación con Dios. Logro conectar y contemplar a Dios con facilidad.
– Temor de Dios: – por el castigo que me pueda suponer.
– por respeto y aprecio al Señor.
– por un miedo que nace del amor ( no querer infringir ningún disgusto ni mal a Él)
– Ciencia: lo aplico, discernir por que lo conozco.
– Entendimiento: es consecuencia de la Sabiduría. Me da la fuerza para actuar.
– Consejo: ayudo a otro por que sé discernir.
Debemos intentar ser auténticos “rastreadores” para descubrir cuándo va o cuádo viene para poder disfrutar de la fuerza del E.S. como consecuencia disfrutar de la alegría de la resurrección.
Pidamos su presencia en nuestros discernimientos y vivir diario para decir como S. Agustín:” Temo que Dios pase a mi lado y no le vea…”