¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Acercarnos a los demás y mostrar nuestras necesidades: Entre Jesús y la samaritana hay una gran barrera (pueblos enemistados, ser un hombre y una mujer…) Sin embargo, Él es capaz de acercarse a ella y expresar su necesidad… Hagamos también nosotros el ejercicio de expresar nuestras necesidades. Dejemos a un lado, el orgullo, la falta de humildad, la autosuficiencia que a veces nos va dañando, nos cansa, nos hace sentir vacios, solos, frustrados…
Apagar nuestra sed: Todos tenemos sed, aunque de “aguas” muy distintas (sed de confianza, sed de paz, sed de justicia, sed de cariño, sed de esperanza, sed de alegría…) Encontramos pozos diversos que nos parece que pueden apagar nuestra sed, pero sus aguas no hacen más que “enfermarnos, contaminarnos”… Dios quiere entrar en relación con cada uno de nosotros para ayudarnos a vivir una vida plena. Dejemos que Él sacie nuestra sed. Busquemos esos momento que faciliten su llegada a nosotros (desde el silencio, la contemplación…)
Ser fuente de vida para otros: Jesús nos explica con sus Palabras a la samaritana, que el agua que Él nos da se convierte en surtidor que no se agota. Pongamos al servicio nuestros dones, nuestras capacidades, nuestro amor, teniendo presente qué es lo más urgente, oportuno y eficaz que podemos hacer para bien de los demás, para bien del Reino.
La samaritana dejó su cantaro vacío. Que podamos hacer nosotros lo mismo con el cántaro vacío de nuestra vida, en el encuentro en esta Cuaresma, con el que nos da el Agua que nos hace vivir y que cambia nuestra vida. “Señor, dame de esa agua”.