¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¿A quién no sorprende la imagen de un rey crucificado?. Sin embargo, Cristo no es un rey cualquiera, incluso en su máximo dolor, cuando más lo humillaban, laceraban, insultaban, incluso haciendo leña del árbol caído, provocádolo hasta su propio compañero de crucifixión…de Él, a pesar de todo, salían palabras de perdón y consuelo, salía sólo su Verdad.
Hace poco caía en mis manos una reflexión que viene muy al caso:
Un profesor, con una naranja en la mano, preguntaba a sus alumnos qué jugo saldría si la exprimían. ¿Acaso jugo de fresa, de manzana…? Todos dijeron que de naranja, puesto que eso es lo que tiene dentro,¡ no puede salir otra cosa!. Cierto, les dijo el profesor, pero añadió: – supongamos que esto no es una naranja, que eres tú y alguien te aprieta y te dice algo que a tí no te gusta; te ofende y fuera de tí sale ira, odio, amargura, miedo. ¿Por qué sale eso?. La respuesta la dió un alumno: – porque eso es lo que hay dentro.
Contemplar a Cristo Rey crucificado es impresionante, nos da una lección: ¿ Qué sale de Él cuando más le aprietan, cuando más dolor le producen y le ofenden?: Sólo sale Amor, porque es lo que ha permitido que haya en su corazón. Por tanto, no importa quién hace la contracción, si es tu madre, tu hermano, tus hijos, tu jefe, tu esposa, el conductor que va delante… Es tu elección, responder con ira y odio o en cambio con Amor, como hizo Cristo Rey, por que eso es lo que has intentado albergar en tu interior y es lo primero que aflora. Eso requiere una opción radical por la Verdad de ese Rey y además un gran” entrenamiento”, volviendonos a levantar tras cada caida, tras cada respuesta mal dada…
Tratemos de llenarnos de ese Amor gratuito y vivamos cada dia siguiendo su ejemplo. En la medida en que nos empapemos de ese Amor, seremos constructores del Reino de Dios, porque, cuando nos “expriman”, sólo saldrán de nosotros hechos y palabras que edificarán “pedacitos del Reino a nuestro alrededor”.
Y, ¡Viva nuestro Rey! ¡Qué suerte la nuestra, el haberlo conocido! ¡GRACIAS, SEÑOR!