¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Nuestro trabajo para las misiones, a veces, se asemeja un poco al milagro que Jesús hizo en el camino. Son nuestros hermanos que nos llaman, gente desconocida, despojada de la dignidad que deberían tener pero que carecen de ella a causa del hambre, la miseria, del desprecio de los demás, del empobrecimiento cada vez mayor… Son hermanos que nos gritan desde lejos, no tanto por la distancia sino por que nuestros “impermeables” dejan pasar cada vez menos los gritos de desgarro que no cesan de sonar. Si nuestra sensibilización va siendo educada cada vez más, si nuestra oración interpela nuestra alma, no pasaremos de largo y los atenderemos. Luego emprenderemos una acción de recogida de fondos, mediante una tómbola, una caseta de feria, un roperito, una barra en la cruz de Mayo…nos convertiremos en la mano ejecutora del Señor y, mira por donde, en ese servicio, somos nosotros mismos los sanados, los que encontramos esa la alegría interior que nos hace dar saltos, sentirnos bien interiormente y entrar a formar parte de la comunión con el pueblo de Dios, la Iglesia que vive “la alegría del evangelio”.
Pero no todos logramos esa sanación, caemos en el error de buscar ese reconocimiento de los demás, esa palmada en la espalda, corremos a recibir esos aplausos y nos olvidamos de la fuente de la sanación, del Señor… Es por tanto una alegria pasajera, una semilla sembrada en el camino que morirá en unos dias. ¡Qué ilusos somos, cuán torpes, después de tantos años…!
Agradece al Señor la posibilidad que te ha dado para curarte, no seas tonto y orgulloso, sólo has sido un simple servidor y un instrumento torpe en sus manos. La Obra, es fruto de Él, no de tu superioridad ni de tus ocurrencias, es el Espíritu Santo quien ilumina y lleva adelante las cosas…
El fruto final no ha sido lo más importante, que sí, vale, el dinero puede remediar cosas, pero es tu testimonio, la comunión con tus hermanos, tus ganas de volver otro año, de no cansarte de trabajar por los empobrecidos lo que hace que tu corazón de piedra se ablande, que tu “impermeable” tenga cada vez más agujeros para que se empape del sufrimiento y la llamada de los que carecen de dignidad.