¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Jesús critica duramente la codicia. Probablemente, nosotros no tengamos la sensación de ser codiciosos. Cuando queremos mejorar nuestra situación económica o incrementar nuestros bienes, pensamos, que buscamos satisfacer unas necesidades básicas, que entra dentro de una sana y lógica aspiración humana; también que estamos luchando por el bien de nuestros hijos, por lo que en ese sentido, nos creemos generosos porque trabajamos no por nuestro bien, sino por el de otros.
Os proponemos para actuar desde el Evangelio de esta semana…
-Analizarnos con total sinceridad, para determinar si dentro de nosotros está actitud de la codicia, mezclada o disfrazada de “buenas intenciones”.
-Exploremos como podemos paliar sufrimientos desde nuestros bienes. Miremos necesidades que hay a nuestro alrededor o en el mundo en general, que nosotros podemos cubrir o al menos paliar… Busquemos alternativas que nos obliguen a compartir. Ello hará que tengamos que vivir por debajo de nuestras posibilidades económicas, porque parte de lo “nuestro” pasa a ser de otros. Puede ser una buena forma de evitar que la “carcoma de la codicia” se meta en nuestro “corazón” y lo deje “hueco o lo destroce”.
-Cabe también la siguiente reflexión: cuando hacemos uso de bienes, cuando compramos cualquier producto o servicio, ¿qué criterios ponemos en juego, solamente el del precio, el de la calidad del producto/servicio o el de la comodidad…? ¿Hay un criterio evangéilico en el uso de lo que hay en “nuestro granero”?
-Finalmente os proponemos que tras realizar la anterior reflexión, que incorporemos otros criterios como el de la justicia social y ambiental y el de la solidaridad. Al fin y al cabo, es una forma de la misericordia en la cual la Iglesia nos pide “instalarnos” especialmente este año. Seguro que a nuestro alrededor descubriremos propuestas concretas de comercio justo, economía social…
“Guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.”