¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Un discípulo al ver a Jesús orar, siente ganas de orar y le pide al Señor que le enseñe a hacerlo. Él le muestra una oración cercana, en la que se llama a Dios, Padre. Con ello nos muestra la relación que vive con Dios y nos invita a nosotros a gozar de esa misma relación.
En alguna ocasión nos han planteado que a Dios no hace falta que le digamos lo que necesitamos, porque ya lo sabe. Pero posiblemente somos nosotros los que necesitamos decírselo, hablarle, sentirlo a nuestro lado….
Para actuar desde el Evangelio de esta semana os lanzamos 3 sugerencias.
-Buscar algún libro o algún texto en el que se nos hable de la oración del Padrenuestro y leerlo. El conocer más esta oración, nos ayudará a orar más en profundidad con ella.
-Orar cada día con la oración que nos enseñó Jesús. Hagámoslo de una manera reposada, haciéndonos conscientes de lo que decimos, de las peticiones que desde él lanzamos: venga tu Reino, danos nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, no nos dejes caer en la tentación…
-Cumplir con el mandato que nos da el Señor: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.” Con estas palabras se nos muestra una oración que debe estar cargada de confianza. No estamos solos, perdidos. El misterio último de nuestra vida es Alguien próximo, que es amor, en quien podemos confiar, a quien podemos llamar Padre (Abba). Esto nos ayudará a experimentar que vivir es un regalo, una gracia, una bendición.