ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

También nosotros andamos en demasiadas ocasiones (a veces casi todo el día), inquietos y agobiados por demasiadas cosas. Vivimos en una sociedad que nos empuja y/o arrastra desde una serie de necesidades creadas, que nosotros hacemos nuestras, desde unos patrones que nos marcan lo que debemos hacer, lo que es aceptado…  Todo ello nos llena de estrés, angustia, tensión, nos hace estar inquietos, perder nuestra paz… Pero también es un camino marcado, que nos lleva a creer que lo que hacemos es lo único que podemos hacer, que es nuestro deber… Nos multiplicamos como Marta para poder dar abasto con los servicios a los que creemos somos llamados… Y estamos seguros de que lo que hacemos es bueno. A veces nos sentimos satisfechos porque entendemos que es nuestro deber; a veces asfixiados porque no encontramos salida a la espiral de acciones en las que andamos sumergidos; a veces contrariados porque nuestra sensación es la de aquel que corre pero nunca llega a ningún sitio… Sin darnos cuenta nuestra vida es puro activismo, con demasiadas cosas que nos absorben, nos descentran, nos sobrepasan. Nos hemos puestos a nosotros mismos como centro de nuestro propio universo. Sí, porque aunque parece que lo que hacemos es por el otro, sin embargo es por como yo me siento, por lo que yo he decidido, por mis metas… Y acabamos olvidándonos de lo realmente importante… No escogemos lo realmente importante como hizo María… ¡Qué actitudes tan distintas las de estas dos hermanas a la hora de acoger a Jesús!
Ese debe ser nuestro actuar. Escoger a Jesús como lo más importante, como eje de nuestra vida. Pero de verdad, no con frases blandas. Dediquemos los momentos principales de nuestro día a estar con Él o a escuchar su Palabra. Escuchar debe ser la acción principal del que es discípulo. Busquemos tiempos de quietud y silencio para atender y acoger al Señor. No es tiempo perdido, en blanco, improductivo… Ese tiempo de escucha, nos lleva a poner la mirada en el Señor y por tanto nos libera. Solo esto es necesario en medio del ruido del mundo, de los problemas… Escuchar al Señor que es el que nos da la vida plena. Y después, nuestra acción será sosegada, calmada; brotará de escogerle a Él, de esa relación intensa y personal con Él.
No olvidemos que la mejor parte siempre es escoger al Señor, la confianza y el convencimiento de que está, haciéndonos fecundos, renovando nuestra vida, aportándonos fuerza y luz para el camino… Recibamos al Señor como Marta en nuestra casa (familia, comunidad…). Pero recibámoslo con la actitud de María. Él nos liberará de nuestras inquietudes y nos hará disfrutar de su compañía. Hagamos silencio, para curarnos de tanta prisas, para encontrarnos con nosotros mismos, para escuchar la llamada de Dios.


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