¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡¡¡Otro gallo cantaría si en verdad esta señal se reconociera en nuestras comunidades…!!!
Es difícil hablar en plural del Amor, por que cada uno tenemos nuestra conciencia, nuestra forma de entender las cosas, nuestro ritmo, nuestras dificultades… Sin embargo, todo esto también lo sabía el Señor, y contaba con la gente que contaba, un grupo de personas con poca cultura, miedosos, con carencias evidentes en su seguimiento y en su respuesta. Para Él fué importante que este amor se convirtiera en “un amor de ida y vuelta”, por que sabía que es lo único que da la plenitud, lo mismo que éste, circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
A veces nos ponemos a analizar los miembros de nuestras parroquias y comunidades y nos vienen juicios de valor como: “Si no fuera por éste… yo no me encuentro en buen ambiente, hay mal rollo, me gustaría estar en aquella parroquia, con aquellas personas…¡Ahí, sí que daría yo el cien por cien de lo que podría amar…!”
A fín de cuentas, excusas y más excusas para no tirarnos al barro y amar sin esperar nada a cambio. Nos convertimos en consumistas de experiencias, de personas, de relaciones, sin llegar a la profundidad en nuestras relaciones.
Nada cambiará hasta que no seamos capaces de ponernos delante del otro y decirle abiertamente: “Oye, yo quiero dar la vida por tí, quiero basar mi relación contigo en el amor recíproco en el que la misericordia y el perdón estén por encima de todo.” Esa relación, enseguida da un salto de calidad que hace fluir una corriente de amor de ida y vuelta capaz de provocar cambios inimaginables a nuestro alrededor. Pensemos en lo bien que se encontrarían las personas que pasen a nuestro lado cuando en nuestras comunidades vean fluir ese Amor, sería un oasis del cual no querrían marcharse nunca.
Entonces, hagamos entre nosotros ese ejercicio de declararnos explicitamente “Quiero dar la vida por tí”. Con esa medida, el otro sabe hasta cuánto te puede pedir y tú sentirás una liberación interior de aquel que se hace nada y lo da todo. Nuestro apostolado adquirirá la mejor forma de evangelizar que hay: los hechos y el ejemplo.
Esto se empieza con pequeños actos de amor, ahora, en el momento presente, en cada instante, con cada prójimo. No nos perdamos en palabras bonitas que se admiran desde una nube.
ÚLTIMO PASO: ACTIO
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