¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡En demasiadas ocasiones juzgamos a los demás, los condenamos… por lo que dicen o hacen. Y ni siquiera nos damos cuenta que nosotros mismos caemos en los fallos que estamos condenando o que podríamos llegar a caer en esos mismos u otros parecidos en cualquier momento…
Durante esta semana de Cuaresma, podemos dedicar un tiempo a recordar situaciones en las que hemos tenido esta actitud con los hermanos y hermanas. Pidamos perdón a Dios por ello. El perdón es sanador. Incluso si tenemos el valor, existe la posibilidad…, podemos acercarnos hasta alguna de las personas a las que hemos condenado, aunque ya haya pasado tiempo desde lo ocurrido, para pedirles perdón personalmente por esa condena. Expliquemosles el por qué de la misma. Una conversación desde la fraternidad nos puede llevar a ser mejores personas y a colaborar en que sean mejores los demás.
Hagamos propósito de enmienda.
Practiquemos desde este mismo momento la misericordia, aprendamos a ponernos en el lugar del otro, empaticemos con él, entendamos sus vivencias o situaciones o acontecimientos… Y desde ese entendimiento, siempre que sea posible, intentemos acercarnos con caridad y mucha humildad a la otra persona. No la dejemos sola en lo que vive. Digámosle lo que pensamos de lo que está haciendo, sin sentirnos maestros, sino como hermanos. Seamos cercanos. Procuremos ser capaces de compartir lo que nos ha sucedido en situaciones parecidas o lo que hemos hecho para enmendar nuestro error en las ocasiones que nos ha ocurrido lo mismo. Acerquémonos al hermano, dispuestos a escuchar lo que el otro nos tiene que decir, sin juicios anticipados, desde la misericordia, reconociéndonos nosotros también pecadores. “Anda, y en adelante no peques más.”