¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El milagro de las bodas de Caná, ahora que estamos empezando este año, nos invita a dejar esos “odres viejos” para utilizar los “odres nuevos” que son capaces de albergar ese vino nuevo que es Jesús y su mensaje salvífico.
O lo que es lo mismo, morir a nuestro” hombre viejo” para llenarnos de ese “hombre nuevo” del que hablaba S. Pablo. El año nuevo está lleno de buenos propósitos quizás algunos profanos, aunque no malos, ir al gimnasio, dejar de fumar, comer menos, viajar más… pero es el momento de pensar también en buenos propósitos espirituales y de conversión:
– morir al hombre viejo es dejar de murmurar de los demás, que es el acto que más deteriora las relaciones entre nosotros.
– morir al hombre viejo es buscar “ser nada”, dejar de colgarnos medallas ante los demás, ser amor servicial, dar nuestro tiempo por amor a los demás.
– morir al hombre viejo es intentar ser más generosos, desapegarnos de las cosas que sabemos que más nos atan, aquellas que nos hacen andar más despacio, más pesados…
– morir al hombre viejo es hacer más oración, tener más diálogo con nuestro Padre-Dios, leer más la Palabra.
– buscar al hombre nuevo es aprovechar al máximo la gracia de vivir en comunidad cristiana, el hecho de poder ver las cosas con Jesús en Medio, la posibilidad de ser un don para el otro…
– buscar al hombre nuevo es frecuentar los sacramentos, sobre todo la Eucaristía como fuente de paz y alimento espiritual para el dia o la semana. Celebrar la Eucaristía en comunidad une y renueva los lazos entre los cristianos que la viven con fe.
– buscar al hombre nuevo es aprovechar los momentos de vida familiar creando espacios de convivencia de calidad si es imposible aumentar la cantidad.
Pues, nada, ¡buenos propósitos a todos…!