¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor Jesús, nos envías a la misión.
Siempre lo haces…
Somos Iglesia: somos de los tuyos.
Somos misioneros.
Hoy, en estos tiempos extraños,
en estos tiempos de ruinas culturales
intuimos que muchos te buscan:
hay una sed de refugio, de silencio, de santidad
entre tanta y tanta pose vocinglera.
Hay mucha desorientación
y mucha huida de las huidas.
Hay mucha tristeza de fondo.
Hay mucha soledad.
¡Que seamos brújulas que señalen hacia ti,
camino, verdad y vida!
Señor Jesús, nos envías a la misión.
Somos Iglesia: somos cultivadores de tu Reino,
el Reino de vida,
el Reino de humanidad.
el Reino de santidad.
En estos tiempos, casi a diario,
sentimos la hostilidad hacia
todo lo que sugiera cristianismo, religión…
Hay mucha biografía íntima
no escuchada,
no querida,
no sanada.
Señor Jesús, nos encontramos
con dañados que quieren dañarnos.
Señor Jesús, tantas y tantas veces
los creyentes no hemos sabido
estar a la altura de la necesidad de las personas,
a su servicio realmente,
acompañando con sabiduría
en los descubrimientos
de las contradicciones de la vida.
¡Que seamos síntoma de tu presencia
que sana y genera confianza!
Señor Jesús, el mundo quiere autenticidad,
quiere que hablemos sencilla y sinceramente de ti,
de tu presencia en nosotros y en la realidad,
de tu poder de sanación y de liberación
y de tu fascinante rostro de santidad.
El mundo exige y espera de nosotros
sencillez de vida,
vida de oración,
ardiente caridad para con todos,
pero especialmente para los pequeños y los pobres,
los caídos del sistema,
los nadie de nuestras ciudades,
los migrantes,
víctimas de tantos sufrimientos evitables.
Señor Jesús, el mundo nos quiere
radicalmente alternativos:
centrados en lo esencial,
humildes,
fraternales,
desapegados de sí,
austeros,
transparentes,
veraces,
cabales…
personas para los demás
que generan nuevas formas de convivencia,
de economía,
de familia,
de educación,
de acogida,
de política…
de Iglesia.
Señor Jesús,
el mundo nos quiere
muy humanos
y muy santos,
muy novedosos
y muy enraizados
en la historia de santidad de la humanidad.
Señor Jesús,
marcados por tu santidad,
asidos por tu santidad,
alimentados por tu santidad
surge de nosotros
un canto de alabanza,
un canto de confianza,
un canto de alegría:
Proclama nuestra alma
tu grandeza, Señor…