¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor Jesús,
hay tanto de zafio y de griterío en mi vida
que no quiero ni verlo.
Huyo de mí.
Huyo de mis huidas.
Huyo de mis mentiras
ante mí mismo,
ante los demás,
ante Ti.
Señor Jesús, fuerza y sabiduría de Dios:
Tengo miedo.
Sé que quieres
que un templo sea un templo.
¡Que yo sea un templo!…
Que un sacerdote sea un sacerdote.
¡Que mi vida sea una ofrenda sacerdotal!…
Que una ofrenda sea una ofrenda.
¡Que mi vida esté al servicio de tu Reino de Vida!
Señor Jesús, fuerza y sabiduría de Dios:
sé que anhelas
que para todos y cada uno de los hombres
Dios sea Dios,
el Dios de la vida,
el Dios del amor sobre todo amor,
el Dios de la verdad del hombre y del mundo
y que necesitas de mí,
de mi inteligencia,
de mi libertad,
de mi amor…
Pero me retraigo,
huyo,
me asusto…
y me desperdicio entre tanta y tanta banalidad
entre tanto y tanto pesimismo,
entre tanta y tanta necedad.
Señor Jesús, fuerza y sabiduría de Dios:
Tengo miedo de tu exigencia:
sé que quieres que me oriente hacia dentro y hacia arriba.
Sé que quieres que me oriente hacia la fraternidad y hacia la adoración.
Sé que quieres que acepte los dones de la vida
sin pretender manipularlos para mi conveniencia.
¡Sé que quieres que haga lo que haga
transparente santidad y humanidad redimida!
Tengo miedo porque tengo pequeños y sarcásticos ídolos
que me distraen de lo esencial.
Tengo miedo porque me alejo de la santidad de tu presencia
en mi interior,
en el templo,
en la intensidad del poder de lo real que me sostiene y alienta.
Tengo miedo porque soy plenamente consciente de mi codicia
tan ruin y tan real…
Tengo miedo porque releo los mandamientos,
y sucumbo bellacamente en casi todos.
¡Señor Jesús, sabes lo que dentro de cada hombre!
¡Señor Jesús, sabes lo que hay dentro de mí!
¡Señor Jesús, conoces mi corazón
mejor que yo!
¡Señor Jesús, a ti me acerco,
como un prófugo sediento de redención,
como un prófugo sediento de paz,
como un prófugo sediento de lo santo!
¡Señor Jesús, a ti me acerco,
porque tu presencia
es una presencia de vida eterna!
¡Señor Jesús,
que lo que me quede de vida
sea una vida de luz,
una biografía de sanación,
un camino de redención,
contigo,
junto a ti,
en ti!