¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
¡Ven, Señor!
¡Que nuestro sí sea un sí a la vida!
Transfórmanos en cuidadores de la vida cotidiana
con nuestras palabras, nuestras acciones, nuestras presencias,
con nuestras miradas,
con nuestras propuestas,
con nuestros grupos humanos.
¡Ven, Señor!
¡Cuídanos para cuidar!
¡Ven, Señor!
¡Que nuestro sí sea un sí a la verdad!
Habilítanos para descubrir y colaborar con la verdad santa
que revelas en todos los cuidadores de la vida,
allá donde estén,
piensen lo que piensen…
la verdad santa que tu hijo sembró
por los campos de Galilea
y Jerusalén, la santa ciudad
de todos los hijos de Abraham.
¡Ven Señor!
¡Infunde en nosotros,
aún más,
la libertad y la alegría
de los Hijos de Dios!
¡Ven, Señor!
¡Que nuestro sí sea un sí a la belleza!
Vístenos de amabilidad auténtica y elegancia sencilla
en esta cultura tan de poses,
tan de falsos brillos,
tan de intensidades fugaces.
¡Ven, Señor!
¡Inspira nuestro canto humano
que se acompasa con lo mejor de la humanidad!
¡Ven, Señor!
¡Que nuestro sí sea un sí a la justicia!
Haznos agentes de transformación social y cultural.
Haznos sembradores de esperanza y de paz.
Haznos capaces de mantenernos
en nuestros compromisos,
en nuestras militancias,
en nuestras utopías.
Haznos innovadores constantes
de caminos, de acciones y de miradas
que ofrezcan la inacabable utopía
que comienza, fascinantemente,
contigo.
¡Ven, Señor!
¡Que nuestro sí sea un sí al bien!
Haznos benéficos,
haznos benevolentes,
haznos bendicientes,
haznos benditos…
haznos mejores humanos
en medio de esta extraña época de pandemia,
donde tanta y tanta mezcla
de miedo, de egoísmo, de valentía y de entrega