¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor Dios nuestro, no nos conocemos realmente:
tan habituados estamos a creer que cumplíamos tu voluntad,
a creer que éramos de los buenos haciendo el bien…
tan aferrados a nuestras seguridades físicas, doctrinales, litúrgicas
que parecemos esculturas de un museo decadente,
llenas del polvo de los siglos,
llenas de palabras en lenguas extrañas,
llenas de gestos y símbolos insignificantes
para tantos y tantos
necesitados de luz,
necesitados de camino,
necesitados de verdad,
necesitados de vida.
Envía tu Espíritu de Ciencia:
que reconozcamos la fuente, el camino y la energía
que nos transforma constantemente en hombres y mujeres nuevos,
testigos de tu santidad y justicia
en la nueva realidad cultural, social, eclesial
que tenemos delante de nosotros,
donde hay tanta hambre de sentido, de significado y de sensibilidad
hacia lo que de verdad importa:
la vida y la vida en abundancia.
Señor Dios nuestro, no conocemos
los nuevos escenarios, las nuevas posibilidades, los nuevos desafíos
que se abren ante nosotros en estos extraños tiempos de pandemia.
Envía tu Espíritu de Sabiduría: que reconozcamos tus indicaciones
en medio de tanto ruido, tanta ambigüedad, tanta mentira
que nos aturden y nos desconciertan.
Señor Dios nuestro, no tenemos noción clara de a donde vamos:
ni nosotros, ni nuestra cultura, ni tu Iglesia.
Muchas de nuestras referencias no valen.
Muchos de los supuestos no orientan.
Muchos de los ideales se han vuelto viejos a ojos vista,
delante de nosotros,
tan encerrados,
tan asustados,
tan desesperanzados…
Hemos descubierto de repente que,
mucho de lo que creíamos firme,
tenía los pies de barro…
Envía tu Espíritu de Consejo:
que sepamos discernir las opciones que van a construir tu Reino
en los nuevos tiempos que vienen…
Que colaboremos con los mejores
hombres y mujeres de bien
en el cultivo del Reino de la vida.
Que tengamos inteligencia y valentía
en las grandes decisiones
que tendremos que tomar pronto
como sociedad
y como Iglesia…
y en los pequeños detalles cotidianos
de la vida en nuestras ciudades,
en nuestros trabajos,
en nuestras asociaciones,
en nuestros barrios,
en nuestras parroquias,
en nuestras familias.
¡Envía tu Espíritu!
Que amemos la vida a través de cada uno de los vivientes que nos encontremos.
Somos vida, venimos de vida, vamos a la vida.
¡Envía tu Espíritu!
Que cuidemos la vida que nos ofreces constantemente
a través de nuestras relaciones y vínculos.
Somos relación, venimos de relaciones,
vamos a la fascinante relación que es tu vida trinitaria.
¡Envía tu Espíritu!
Que cultivemos lo mejor de nosotros y de los demás
como la tarea básica que anuncia tu evangelio a toda la creación,
que crea comunión tangible y eficaz,
que vive la esperanza
porque sabemos que no estamos solos:
que tu presencia nos constituye,
nos posibilita,
nos alienta.