¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
¿Cómo nos vas a abandonar en la muerte?
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
¿Cómo vamos a hundirnos en la nada?
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
No estamos arrojados en la realidad,
estamos implantados en tu amor.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
Muchos dicen que la muerte
es lo definitivo de lo definitivo.
Pero mi corazón se abre a Ti.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
Los cristianos no sabemos de la otra vida
más que los demás seres humanos.
Por la fe, sabemos que no estamos solos.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
A veces, barrunto lo que queremos decir cuando decimos
“…creador y dador de vida…”.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
A pesar de tantos duros silencios.
de tanto sufrimiento evitable,
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
No puedo creer que cualquier vida humana
haya sido en vano.
Cristo Jesús,
confianza de nuestra confianza,
raíz de nuestras raíces,
silencio en nuestros silencios:
acaso tengamos que experimentar,
de alguna manera,
la ausencia
íntima,
agónica,
como una convulsión de noche oscura…
… de tu presencia
para reconocer, al fin,
que sólo de Ti
viene la salvación
que sacia nuestra hambre más profunda;
que sólo por Ti
tiene sentido
nuestra pasión por Dios,
nuestra pasión en Dios,
nuestra pasión hacia Dios;
que sólo por Ti
merece la pena vivir
cuidando la vida
hasta el extremo de dar la vida.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente.
Te encomiendo
a todos nuestros fallecidos.
Te encomiendo a todos los fallecidos
en esta pandemia que nos conmociona.
Y especialmente te encomiendo
a todos los que han muerto en soledad.
Te encomiendo también a todos
los que han muerto anónimamente
en los infames caminos de las migraciones
por causa de la miseria y la guerra.
Te encomiendo, además, a todos
los que han muerto demasiado pronto…
los que han muerto por causas evitable,
fruto de la necedad o del egoísmo humano.
Admítelos ante la luz de corazón.
Cristo Jesús, creo en Ti, el Viviente
que no dejas
que ninguna vida se pierda,
porque eres la presencia más eminente
de la radical bondad del Misterio de Dios,
Misterio de donde venimos,
Misterio en quien consistimos,
Misterio hacia donde nos dirigimos
por amor,
por amar…
a través de esta vida
llena de alegrías, paradojas y retos…
llena de seres humanos,
a veces, demasiado humanos,
a veces, poco humanos.