¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Dios Padre
nos llamas a la tierra prometida de tu Reino.
Por eso nos sentimos peregrinos,
junto con todos los hijos de Abraham
y con todos los hombres y mujeres de bien
a lo largo de los siglos y de las culturas,
hasta encontrarte
y llegar a la comunión que nunca se acaba.
Por Abraham sabemos que elegiste un pueblo.
En su peregrinar, al primer patriarca le sostenía
la confianza de todo corazón en tu Palabra.
A través de tierra extranjera,
saliendo de la esclavitud
y aventurándose en el desierto,
condujiste, a través de Moisés,
a tu pueblo hasta la tierra prometida.
Mediante los profetas
conservaste muy viva,
en el corazón de Israel,
la esperanza de la salvación definitiva.
que anunciaron la llegada del Mesías.
Y al inicio del final de los tiempos,
nos enviaste a tu Hijo,
el amado,
el Mesías,
Luz de Luz,
que, después de anunciar su muerte
a los discípulos,
les mostró el esplendor de la gloria
en el monte Tabor.
Dios Padre,
somos millones los seres humanos
los que tenemos nuestro corazón lleno
de inquietudes,
de preguntas,
de miedos…
en estos tiempos
tan extraños,
tan contradictorios,
tan inciertos
que nos tocan vivir.
¿De quién nos podemos fiar,
Señor?
¿De quién nos podemos fiar?
A veces tenemos la sensación
de que vivimos
cerca de ser aplastados…
por tanta mentira,
por tanta codicia,
por tanta idolatría…
pero sabemos que
la vida de tu Hijo,
impulsado por la energía y valentía
del Espíritu,
es el mensaje definitivo
en el espesor de la Historia,
en las nieblas de los tiempos,
en las sombras de muestra biografía…
Vida de vida
que nos colma de esperanza,
nos llena de sentido,
nos ilumina en nuestras ambigüedades.
Tu Hijo sanó cuerpos y almas maltrechos
por tanta y tanta injusticia evitable.
Tu Hijo derrocó ídolos
creados por vanidosos poderes religiosos,
Tu Hijo combatió lo demoníaco
que se infiltra
a través de todas nuestras
justificaciones y negociaciones
con las tentaciones
bajo la apariencia de bien…
Tu Hijo compartió
vida, pan y lágrimas con los pobres y excluidos,
pasó noches en vela en oración
aceptando el camino que le llevó
a la terrible cruz,
caminó junto a sus discípulos…
sus amigos…
enseñándoles
las verdades de la verdadera sabiduría
con infinita paciencia.
Tu hijo se entregó totalmente
al camino
de la verdad y de la vida
que lo llevó
a hacer lo que nadie quería hacer…
que lo llevó
donde nadie quiere estar…
que lo llevó
a estar como nadie quiere estar…
desnudo,
en carne viva,
sometido a las tinieblas de las tinieblas.
Dios Padre,
derrama sobre nosotros
el Espíritu:
que sea inquietante
para nuestra vida cotidiana…
¡Que nuestra fe sea todavía más fe!
Danos valor…
para vivir la nueva humanidad.
Levántanos de la mediocridad.
Dios Padre,
derrama sobre nosotros
el Espíritu:
que llenemos
de autenticidad religiosa
nuestra presencia
en las relaciones laborales,
en los encuentros con nuestros contemporáneos,
en la vida cotidiana compartida
en nuestras ciudades.
¡Que seamos signos,
inteligentes y libres, de Cristo inteligible y atractivo!
Danos humildad
para vivir la nueva humanidad.
¡Levántanos
de los miedos!
Dios Padre,
derrama sobre nosotros
el Espíritu:
que no cedamos
a la tentación de instalarnos
en el mundo tal como está
en nuestra familia tal como está,
en la Iglesia tal como está.
¡Levántanos
de nuestra humanidad,
tan humanidad
entre humanidades!
Dios Padre,
que seamos buscadores,
sembradores,
exploradores
de nuevas relaciones
sociales, económicas, culturales…
en estas,
acaso,
ruinas esplendorosas
en las que parece
que nos arrastramos.
¡Levántanos,
levántanos
para buscar tu rostro
tan divino,
tan humano!