TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

 

Dios Padre

nos llamas a la tierra prometida de tu Reino.

Por eso nos sentimos peregrinos,

junto con todos los hijos de Abraham

y con todos los hombres y mujeres de bien

a lo largo de los siglos y de las culturas,

hasta encontrarte

y llegar a la comunión que nunca se acaba.

Por Abraham sabemos que elegiste un pueblo.

En su peregrinar, al primer patriarca le sostenía

la confianza de todo corazón en tu Palabra.

A través de tierra extranjera,

saliendo de la esclavitud

y aventurándose en el desierto,

condujiste, a través de Moisés,

a tu pueblo hasta la tierra prometida.

Mediante los profetas

conservaste muy viva,

en el corazón de Israel,

la esperanza de la salvación definitiva.

que anunciaron la llegada del Mesías.

Y al inicio del final de los tiempos,

nos enviaste a tu Hijo,

el amado,

el Mesías,

Luz de Luz,

que, después de anunciar su muerte

a los discípulos,

les mostró el esplendor de la gloria

en el monte Tabor.

Dios Padre,

somos millones los seres humanos

los que tenemos nuestro corazón lleno

de inquietudes,

de preguntas,

de miedos…

en estos tiempos

tan extraños,

tan contradictorios,

tan inciertos

que nos tocan vivir.

¿De quién nos podemos fiar,

Señor?

¿De quién nos podemos fiar?

A veces tenemos la sensación

de que vivimos

cerca de ser aplastados…

por tanta mentira,

por tanta codicia,

por tanta idolatría…

pero sabemos que

la vida de tu Hijo,

impulsado por la energía y valentía

del Espíritu,

es el mensaje definitivo

en el espesor de la Historia,

en las nieblas de los tiempos,

en las sombras de muestra biografía…

Vida de vida

que nos colma de esperanza,

nos llena de sentido,

nos ilumina en nuestras ambigüedades.

Tu Hijo sanó cuerpos y almas maltrechos

por tanta y tanta injusticia evitable.

Tu Hijo derrocó ídolos

creados por vanidosos poderes religiosos,

Tu Hijo combatió lo demoníaco

que se infiltra

a través de todas nuestras

justificaciones y negociaciones

con las tentaciones

bajo la apariencia de bien…

Tu Hijo compartió

vida, pan y lágrimas con los pobres y excluidos,

pasó noches en vela en oración

aceptando el camino que le llevó

a la terrible cruz,

caminó junto a sus discípulos…

sus amigos…

enseñándoles

las verdades de la verdadera sabiduría

con infinita paciencia.

Tu hijo se entregó totalmente

al camino

de la verdad y de la vida

que lo llevó

a hacer lo que nadie quería hacer…

que lo llevó

donde nadie quiere estar…

que lo llevó

a estar como nadie quiere estar…

desnudo,

en carne viva,

sometido a las tinieblas de las tinieblas.

Dios Padre,

derrama sobre nosotros

el Espíritu:

que sea inquietante

para nuestra vida cotidiana…

¡Que nuestra fe sea todavía más fe!

Danos valor…

para vivir la nueva humanidad.

Levántanos de la mediocridad.

Dios Padre,

derrama sobre nosotros

el Espíritu:

que llenemos

de autenticidad religiosa

nuestra presencia

en las relaciones laborales,

en los encuentros con nuestros contemporáneos,

en la vida cotidiana compartida

en nuestras ciudades.

¡Que seamos signos,

inteligentes y libres, de Cristo inteligible y atractivo!

Danos humildad

para vivir la nueva humanidad.

¡Levántanos

de los miedos!

Dios Padre,

derrama sobre nosotros

el Espíritu:

que no cedamos

a la tentación de instalarnos

en el mundo tal como está

en nuestra familia tal como está,

en la Iglesia tal como está.

¡Levántanos

de nuestra humanidad,

tan humanidad

entre humanidades!

Dios Padre,

que seamos buscadores,

sembradores,

exploradores

de nuevas relaciones

sociales, económicas, culturales…

en estas,

acaso,

ruinas esplendorosas

en las que parece

que nos arrastramos.

¡Levántanos,

levántanos

para buscar tu rostro

tan divino,

tan humano!


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