¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Casi a ciegas vago
en estos tiempos tan inciertos
y tan extraños.
Casi a ciegas.
Casi cegado.
Hambre de luz.
Veo destellos.
Pero tengo miedo.
¡Ven ya, Señor!
Casi a ciegas transcurro,
sin reconocer,
en serio,
que me sustenta
tu amor.
Vago casi a ciegas.
Y resentido…
por las calles de mi ciudad,
tantas veces
tan inhóspita,
tan ruidosa,
tan fea.
Hambre de paz.
Hambre de comunión.
Hambre de belleza.
Veo destellos.
Pero no me fío.
¡Ven ya, Señor!
Casi como un ciego.
Mutilado.
Receloso.
… incluso con pavor
transcurro
entre escombros
y centelleos
nada claros
en estos tiempos
tan ambiguos
y tan falsos,
tan llenos de esperanza
y tan ricos de intuiciones
que cuidan la vida…
Pero muchas veces
solo soy capaz de ver
sombras
como si fueran
los preludios
del fin de los tiempos.
Hay tanta codicia.
Hay tanta mentira.
Hay tanta herida…
en otros
y en mi.
En otros
y en mis palabras.
En otros
y en mis presencias.
Sí. Es así.
Casi a ciegas,
cansado,
agobiado
me dejo llevar
por las corrientes
poderosas de los ídolos,
de la publicidad,
de los espejismos.
Y soy casi uno más
de los que jalean
de pensamiento,
palabra
y obra
lo maligno
de este mundo.
Sí, casi una hiena
entre las hienas.
¡Ven ya, Señor!
¡Ven ya, Señor!
Sé mi alegría
auténtica.
Sé mi consuelo
auténtico.
Sé mi paz
serena.
Sé mi alimento.
Sé mi abrazo.
Sé mi silencio
primero y último.
¡Ven ya, Señor!
Colma mi hambre
de vida,
de amor.
de autenticidad.
Hambre de ti.
Hambre de Dios.
Un hambre como sólo
puede ser el hambre
de un hombre
entre hombres
que son solo hombres…
Un hombre con hambre
que sabe que ser sólo
hombre entre hombres
no basta.
No sacia.
No llena.
Hombre entre hombres:
humo, polvo, nada.
¡Ven, ven!
Sé que vienes
tú mismo
por mí mismo.
¡Así, Tú, ven…!
Sé que no puede ser
de otra manera,
que serás
el Dios con nosotros
ahora y siempre…
Sé que hablaron los profetas.
Sé que los santos lo proclaman con sus vidas.
Sé que los místicos
callan,
asombrados,
ante tu fascinante
susurro
que hace música
de una caña rota.
¡Ven amor sobre todo amor!
¡Ven vida sobre toda vida!
¡Ven comunión sobre toda comunión!
¿Para cuándo esperas
poner paz en mi corazón
partido…
apaleado…
sediento!
¡Ven! ¡Ya! ¡Ahora!
¡Ven ya,
que casi
no puedo
ni nombrar
tu nombre…
ni buscar tu rostro…
ni arrodillarme…!