¿Qué nos hace decir el texto?
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡Te damos Gracias, Dios Bueno y Misericordioso,
porque Tú nos ofreces generosamente cada día
la oportunidad de ser sal y luz en medio del mundo,
para dar buen sabor a todos con tu Buena Noticia
e iluminar al mundo con la Luz de tu Evangelio.
Gracias porque Tú nos invitas a ser una luz
que guíe a los demás hasta Ti, y sin cegar nunca.
Nos invitas a ser sal, como servicio hacia los demás,
buscando el bien común y creciendo en fraternidad.
Ten Misericordia de nosotros y haznos Tú humildes
para no sentirnos nunca superiores a los demás,
y para ser sencillos, respetando a cada persona.
Danos Tú la capacidad de la sal, para ser entregada,
repartida y diluida donde más se necesite de ella.
Recuérdanos cada día dar nuestro sabor de la fe
para que nuestro mundo no se vuelva insípido,
y ayúdanos Tú, Dios nuestro, a ser reflejo de tu Luz
en medio del mundo para que no se vuelva oscuro,
ni se vuelva indiferente al dolor y al sufrimiento.
Gracias por entregarnos la capacidad de ser sal
que quite los sinsabores de la vida y de la sociedad,
y por entregarnos la capacidad de curar heridas.
Gracias por invitarnos a ser sal de buenas obras,
que mejoren la realidad actual que nos rodea,
y por recordarnos nuestra responsabilidad de brillar
como una nueva luz que sea efectiva en este mundo,
y que se expanda con brillo por todo los lugares
para que todos puedan verte, conocerte y amarte a Ti.
Ten Misericordia de nosotros y no permitas nunca
que caigamos en la tentación de esconder nuestra fe
en el ámbito privado de nuestra vida diaria,
y recuérdanos siempre que la fe que Tú nos regalas
es para ser cuidada y compartida con cada persona,
porque ella es nuestro servicio que aportar a la sociedad.
Gracias, Dios Bueno, porque llamarnos cada día,
por invitarnos a seguirte sin cansancio tras de Ti,
por invitarnos a estar contigo, en tu Presencia,
y por enviarnos a tu Misión en medio del mundo. Amén