¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FAMILA
(Matrimonio, trabajan ambos, tres hijas, pertenecen a movimiento seglar)
Gracias a nuestra familia y a nuestro matrimonio, disponemos de una posición privilegiada para responder a la pregunta que hoy nos hace Jesús, y es que, en el día a día de nuestra vida familiar, percibimos que, efectivamente, Dios es Amor, y Jesús es Dios con nosotros. En nuestra familia nos damos y recibimos todo tipo de muestras de cariño; la paciencia y la comprensión se hacen presentes con más frecuencia; nos resulta más fácil perdonar, ser generosos. En cada una de esos gestos de afecto vemos expresado a Dios, fuente de todo amor; lo contemplamos manifestado en el otro, en nuestras hijas. Y lo sentimos cercano. Muchas veces hemos “bajado la guardia”, seguros del cariño incondicional que nos une, o nos hemos dejado arrastrar por la vorágine de la cotidianeidad y no nos hemos parado a mirar la huella de Jesús en ella, pero también en otras hemos sido capaces de contar con Él en medio de una discusión, y el ambiente se ha relajado, el diálogo se ha hecho más constructivo; momentos en los que le hemos pedido fuerza e iluminación, y han llegado… Estas ocasiones nos han evidenciado su proximidad y disponibilidad para con nosotros; nos ha bastado con acudir a Él. Por eso, una y otra vez constatamos que la mayor cruz con la que tenemos que cargar como familia somos cada uno de los que la componemos, con nuestras debilidades, con nuestra supuesta autosuficiencia; que el “negarnos a nosotros mismos” no consiste en grandes sacrificios o renuncias, sino en que nuestro ego mengüe, dejando espacio para ver las cosas desde la perspectiva del otro, dejando espacio a Dios y dejarle hacer en nosotros. Cuando así lo hemos hecho, han aflorado la concordia, la alegría; el afecto se ha intensificado; nos hemos sentido más plenos y hemos dicho ¡que cierto es que su carga es ligera, que lo que no es posible para nosotros lo es para Él, que desde ya nos da el ciento por uno!. Y en tales momentos hemos entrado en la “lógica” de Dios, así, casi sin darnos cuenta, por un camino tan sencillo y tan asequible, pero que nos cuesta tanto tomar.
DESDE LA MISIÓN
(Mujer, divorciada, trabaja, dos hijos, participante en experiencias misioneras, pertenece a grupo seglar)
Cuando estamos en nuestra vida cotidiana, en la que hemos crecido conociendo a Jesús, rara vez nos planteamos quién es él; normalmente lo aceptamos, lo tenemos incorporado a nuestra vida, igual que nuestra familia, nuestra cultura, nuestras costumbres. Cuando salimos de nuestra tierra, de nuestra seguridad, y caminamos por senderos como el que recorría Jesús con sus discípulos, de aldea en aldea, es más fácil que sus palabras resuenen en nuestros oídos, que nos planteemos cómo transmitimos su mensaje, cómo respondemos a su llamada y a su mandato.
Esta pregunta de Jesús a sus discípulos siempre me sorprende, me cuestiona, me inquieta. Supongo que él así lo quiere. Tenerme fuera de la zona de confort; alerta; atenta a su mensaje siempre nuevo. Quizás sólo así me pueda estar planteando continuamente cómo transmitirlo.