¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA VIVENCIA DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
(Joven, estudiante, trabaja, soltero, pertenece a comunidad cristiana)
Este Evangelio me da esperanza, sobre todo en el relato de la mujer enferma que al igual con la niña viene Jesús a decirnos una cosa: “Tu fe te ha curado”.
Cuántas veces ando sin rumbo, sin la vista puesta en el cielo, agobiado con los problemas de esta vida e inmerso en una sociedad que da culto a la muerte, vivo enfermo y en pecado tratando de buscar una cura en las cosas de este mundo, en el dinero, el placer, el reconocimiento de los demás… y nada de eso, en lo más profundo de mi ser me hace ser feliz.
La mujer que sufría flujos de sangre también buscó salir de su sufrimiento gastando su fortuna en médicos y buscando todas las maneras posible, he de suponer que ya estaba desesperanzada cuando escuchó que había un tal Jesús que realizaba milagros y se puso en marcha en contra de todo razonamiento.
Este hecho es clave en mi, para mi conversión, para reconciliarme con el Padre cuando llevo tiempo perdido o una vida que no me llena, y es “ponerme en marcha” y buscar a Jesús. Porque solo en Él se encuentra la verdadera paz y el descanso y tiene poder de curar toda esa ceguera para vivir con la alegría de un amor auténtico. Ese “ponerme en marcha” es lo único que Dios necesita para curarme.
DESDE LA FORTALEZA
(hombre, casado, cuatro hijos, militar, realiza misiones en paises en conflicto)
Si tuviera que destacar algo especialmente de este texto de hoy, es sin duda la fe.
¡Qué maravillosos actos de fe!. Tanto el que muestra explícitamente Jairo al dirigirse a Jesús diciéndole “Mi niña está en las
últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva”, como la de la mujer con hemorragias que ciegamente cree que solo con tocarle el manto bastará para sanarla.
¿Qué me dice a mí el evangelio?. Jesús me pide una fe inquebrantable; lo vimos ya la semana pasada con el pasaje de la tempestad calmada donde Jesús increpa a sus discípulos su falta de fe.
El Señor me pide que crea en Él, pues Él es la solución a todas mis dudas, a mis desganas, desánimos, desalientos.
Compartíamos en mi grupo parroquial acerca de este tema, la vinculación de este pasaje con los sacramentos de curación, de sanación.
Tanto a Jairo como a la hemorroísa, Jesús les cura no solo físicamente (a la hija de Jairo), sino también en alma y mente. El pueblo judío entendía la sanación espiritual como un todo “alma, cuerpo, corazón y mente”. Lo que reciben Jairo (y familiares por extensión) y la mujer es una lección extraordinaria de curación por la fe.
En función de la fe que yo tenga, mi “curación” será más completa. No debo pensar que este pasaje no va conmigo porque estoy fuerte y vigoroso, no.
Es mi fortaleza de espíritu la que debo valorar cuál es su estado, si está bien, regular o mal. Es mi fe en Cristo la que me ayudará a recuperar esa fortaleza, a curarme de mis “males”.
Pongamos todo esto en manos del Señor y que Él, que todo lo puede, nos sane, cure nuestras almas, nuestras mentes, nuestros corazones y nos haga dóciles a su mensaje de fe. ¡¡Cree!!
Solo me pide eso, cree.
Feliz semana.