¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FORTALEZA
(hombre, casado, cuatro hijos, militar, realiza misiones en paises en conflicto)
En este momento de la historia que se perpetua en el tiempo, Jesús nos envía, me envía, a predicar por el mundo entero lo que he oído y visto. Dar a conocer la buena nueva; que Cristo es el Hijo de Dios, que estuvo entre nosotros como uno más y lo dio todo por mí, por ti, por nosotros. Decíamos recientemente que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los demás y así es, Jesús dio la vida por mí para que yo tuviera vida eterna.
Ahora con este evangelio, Jesús me envía a anunciar la palabra de Dios por el mundo entero, es decir, en mi trabajo, en mis momentos de ocio, en mi familia, allá donde esté, mi deber- con amor- es anunciarlo.
El Señor me sigue dejando claro el valor de la libertad para que el que quiera, le siga. Y en los momentos de debilidad, allí está el Espíritu de Dios que me socorre y me saca a flote en el peor de los trances, me fortalece en la adversidad para que siga anunciándole con energía renovada.
Que Dios nos ilumine y nos de la fortaleza para anunciarlo por todo lo alto sin miedo al que me dirán, o que pensarán de mí.
Que el Señor os bendiga y os guarde.
DESDE LA VITALIDAD
(mujer, joven, estudiante, pertenece a grupo parrqoquial de jóvenes)
“Id y proclamad”… a todos, sin distinción. Estamos llamados a ello en nuestras relaciones con los demás. Estamos llamados a que cualquier momento, lugar, gesto, palabra… tenga ese sentido de proclamación del Evangelio. Sin gritos, sin aspavientos, sin elevarnos en púlpitos, sin distinción de personas… Pero para que esa proclamación continuada sea posible, para que se haga palpable en nuestra relación con los demás, para que las señales nos acompañen, hemos de ser nosotros mismos “Evangelio”. Hemos de “engullirlo”, “degustarlo”, “saborearlo”… hasta el punto de que no haya distinción entre nuestro ser persona y nuestro ser cristiano. Solo si nuestras cualidades, virtudes, características, personalidad… se desarrollan desde ese Evangelio, nuestro extenderlo en las relaciones con los demás, será algo natural, que brota incluso sin ser conscientes, sin premeditación… por el simple hecho de que Dios habita en nosotros.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
Publicado
en
por
Etiquetas: