¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FORTALEZA
(hombre, casado, cuatro hijos, militar, realiza misiones en paises en conflicto, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Esta lectura para muchos es un susurro del Señor a cada uno en el oído…..CREE…..CREE, dichoso el que cree sin haber visto.
Cuantas veces nos alegramos, como los discípulos,cuando en nuestro día a día vemos acciones buenas, que claramente sabemos o caemos en la cuenta que vienen del Señor; que sencillo se nos hace “ver, creer”.
Lo difícil en ocasiones es ver la mano de Dios en obras o acciones en nuestro vivir que no logramos entender, pues en ese instante, no nos agradan, no pensamos que vengan del Señor, sin embargo es lo que Dios desea y espera de nosotros, pues El nos capacitó y destinó a ser fuertes en la oración diaria, para estar preparados justo para esas ocasiones en las que no vemos la presencia de Dios.
“Cree, -nos dice-, dichoso tú que crees sin haberme visto, sin haber palpado las llagas de mis manos, o la herida de mi costado”.
DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
La señal de que Jesús está y se hace presente en nuestras vidas es la Paz y el envio, y la imposición del Espíritu Santo. Por ello cualquier compromiso social que tengamos debe vivirse con Paz y sitiéndonos enviados por Él: es la única forma de no “quemarse”, de renovarse continuamente.
Siempre, pero en este tiempo Pascual más que nunca, hay que creer en todo es posible, que “otro mundo es posible” pues el amor todo lo vence, hasta la muerte. Cuando se gasta la vida y se dona la vida por amor, toda utopía se alcanza, todo pueder ser nuevo y pleno.
DESDE LA VITALIDAD
(mujer, joven, estudiante, pertenece a grupo parrqoquial de jóvenes)
¿Qué sintieron los discípulos cuando Jesús murió en la Cruz?.
El evangelio nos dice que miedo, pero a su vez, estaban unidos en comunidad. Y es allí donde aparece el Señor, ofreciéndoles el Espíritu Santo, a partir de ese momento no se sienten solos.
Pienso que si esto nos pasara en nuestros grupos o comunidades, seríamos capaces de mover montañas: nos dejaríamos guiar más por él, estaríamos al pie del cañón y daríamos un testimonio sin miedo de nuestro ser creyente en cualquier lugar.
He tenido la suerte de vivir la Semana Santa en una experiencia misionera en Marruecos, junto a mi grupo y como a Tomás, el Señor nos ha invitado a tocar de lleno sus llagas y su costado. En cada madre soltera , niño de la calle, en cada discapacitado, el Señor me ha dicho ‘’No seas incrédula, sino creyente’’.
El sentido de la vida empieza cuando me doy cuenta de que el Señor me está diciendo que me alegre, que nunca estaré sola y sea capaz de tener presente y ‘’tocar’’ a los más vulnerables de este mundo, que de ellos es su Reino.