SEGUNDO PASO: MEDITATIO


¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

El pasado sábado nos enteramos, por casualidad, de que Carmen había fallecido a principios de año. Sentada en la puerta de la iglesia solía bromear con nosotros, sin que ello evitase que ofreciera su cajita de cartón cada vez que alguien pasaba a su lado. Desaliñada, rolliza, espontánea, vivaracha, un tanto irreverente y dicharachera, nos hizo reír en muchas ocasiones. Nos contó que había venido a Canarias a iniciar una nueva vida que, sin temor a equivocarme, debió diferir enormemente de la que soñó antes de dejar su querida Andalucía. Murió sola y sin que nadie la echase de menos, pues fue la descomposición de su cuerpo la que permitió que la encontraran. Duro, pero cierto. Con todo, la vida sigue, y los cristianos rememoramos en estos días la Pasión de Jesús; un acontecimiento que debería recordarnos que cada día, miles de personas sufren en silencio la suya particular. Afortunadamente, la gracia de la fe me permite encontrar consuelo en Jesús resucitado, de cuya presencia a buen seguro estará disfrutando Carmen y todos aquellos a los que les ha tocado vivir la cara amarga de la vida.


DESDE LA VIDA COTIDIANA
(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Hace siete años que falleció mi padre. Tres meses antes le habían diagnosticado una grave enfermedad. Recuerdo perfectamente cómo mi hermano médico me contó con lágrimas en los ojos que el pronóstico no era muy halagüeño, y la sensación de miedo, estupor e impotencia que nos invadió de repente. Particularmente se me ha quedado grabada en la memoria un día que, al poco de conocer la noticia, fui a misa con mi padre. Fue en vísperas de la Navidad, pero yo sentía como si estuviéramos en pleno Getsemaní. Al verlo arrodillado, orando, yo sabía que mi padre le estaba pidiendo a Dios que apartara de él ese cáliz, pero también sé que estaba preparándose para asumir su voluntad, fuera cual fuera.  Al final, mi padre murió poco después de comenzar el tratamiento, por culpa de una infección que le pilló bajo de defensas. Su calvario duró poco. Pero lo más curioso es que, por encima de miedos, a medida que se acercaba el final, yo iba sintiendo cada vez más una gran paz interior que identifiqué como la presencia cercana de Dios que nos venía a consolar. Mi padre, que con sus virtudes y defectos, había derramado en vida su mejor perfume para dar mayor gloria a Dios, nos terminó regalando al final de su caminar por este mundo una verdadera experiencia de Pascua.


DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)  

En los tiempos que nos ha tocado vivir, con tanta crisis, con tanta muerte de inocentes justificada (léase aborto, la pobreza extrema,… por ejemplo); el amor, la entrega, la generosidad, la radicalidad no están de moda, ni siquiera para las parejas, para las familias, en donde, cada uno hace lo que puede por sobrevivir, por ser feliz, tirando solo de los pocos que están a su alrededor y a veces, ni siquiera de éstos. Es curioso como un día tan bonito, tan familiar, como el domingo de ramos, (la eucaristía suele ser por la mañana, hay procesión de palmas, los niños se lo pasan bien agitando y cantando el Hosanna), la palabra de Dios muestre con tanta crudeza la pasión y la muerte. Quizás es una metáfora de lo que estamos viviendo, por momentos, riendo, cantando, viviendo despreocupadamente en fiesta, pero incluso en cualquier familia, incluso en cualquier matrimonio o con nuestros hijos, hay situaciones de dolor, de pasión, de sufrimiento y de muerte. Que el Dios de la vida, nos haga sentir intensamente estos días, alivie nuestro pesar, serene nuestro sufrimiento y devuelva la alegría, pero la de verdad, la que nace en el corazón y se extiende por todo nuestro ser y convierte nuestra vida en propagadora de la salvación, la de Jesús.


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