SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA FAMILIA
(matrimonio, ambos trabajan, con tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)

¡Qué hermosa es la respuesta de María a las palabras del ángel: “hágase en mí según tu palabra”. Cuánta fe, cuánta esperanza, cuánto amor en una entrega sin condiciones. En la familia a veces nos dan miedo esos “sí” incondicionales, ¿y si después no recibo algo yo también? ¿y el otro por qué no da lo que yo doy? ¡Ahora me toca disfrutar a mí! …
Nos hace falta mirar a María, contemplar su respuesta y confiar como ella, con fe cierta, con esperanza activa, que construye lo que espera, con amor, porque Dios mismo viene a dar su vida por nosotros, ¿hay un amor mayor?


DESDE LA MISION
(hombre, soltero, estudiante, experiencia de Misión, pertenece a comunidad cristiana)  

Las coordenadas espaciales, temporales y sociales en las que nace Jesús me remiten directamente, una vez más, a la Misión. Dios no elige nacer en Jerusalén, el centro del judaísmo, sino en un pueblucho sin importancia como Belén. No elige nacer en la época de esplendor económico, político y religioso como eran los años del Rey David, sino bajo la dominación Romana, de un Imperio extranjero. Tampoco decide nacer Dios en el palacio del Rey Herodes, sino en el seno de una niña pobre de Galilea. Así se me presentó a mí la Buena Noticia en la Misión.
Me gustaría traer a  la memoria el recuerdo del bautizo de una señora moribunda, anciana, de una etnia cultural poco considerada en el país en el que nos encontrábamos de misión, que solo hablaba una lengua poco conocida (ni siquiera los misioneros la conocían). Esta mujer se encontró con el Señor al final de sus días. Su familia no era cristiana. Se convirtió gracias a vecinas, amigas y a los misioneros. Estaba en un proceso catequético para recibir el bautizo. La edad impidió seguir el proceso natural catequético. Nos llamaron sus familiares, pues ella se moría, y quería recibir al Señor. Acompañamos a un misionero allí, a su casa, en mitad de la nada que era el todo para ella y su familia. El misionero le hablaba y sus familiares le  traducían. Le dimos el bautizo, la primera comunión, la confirmación y la unción de enfermos. Ella sabía que iba junto a Él, decía que estaba preparada. Jamás se me olvidará la expresión de Paz, con mayúsculas, que se le quedó al recibir los sacramentos. Jamás había tenido yo nunca la certeza de saber qué significa aquello de “Hágase en mí según tu Palabra”. Ese día esa certeza tomó forma en mí. Y puedo decir que sentí a Dios y a su Palabra cumplida tan fuerte como nunca en ninguna celebración o en ningún episodio de mi vida. El Señor es Grande, su nombre es Santo, porque ha elegido a los pobres y a los últimos para que en ellos se cumpla su Palabra.


DESDE LA DENUNCIA PROFÉTICA
(mujer, casada, dos hijos, trabaja en Cáritas)  

Pienso muchas veces que si en muchas circunstancias de la vida dijéramos “hágase en mí según tu palabra” otro historia estaríamos escribiendo. Porque la teoría la sabemos, pero cuando hay que tomar decisiones reales, con denuncias reales, con dar ejemplos reales, con hijos y amigos reales, se nos olvida “según su palabra”.
Cuando era pequeña las monjas me transmitieron esa imagen de María serena, tierna e incluso sumisa. Menos mal que descubrí la otra María, esa María llena de valor, de coraje que dijo “hágase en mí según tu palabra” pero no abnegada, todo lo contrario, llena de fuerza enfrentándose a todo.
Es esa María que toma decisiones, que es consiente que no será fácil, que estará señalada, que murmuraran de ella, la que me da el valor para enfrentar la denuncia.


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