SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA FAMILIA
(matrimonio, ambos trabajan, con tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Servir al otro es servir a Jesús. Tener compasión del otro es tenerla de Jesús sufriente. Es Jesús quien está ahí, y es de eso de lo que nos van a examinar al final de nuestros días. Esta idea cuesta, pero se asimila. Sin embargo, a veces llevarla a la práctica es más difícil. Por ejemplo, en la vida de familia, a veces cuesta ampliar nuestro círculo y acoger a quién está solo; cuesta ser sensibles a las necesidades de los demás, … con lo que nosotros tenemos encima… Y una familia que no está abierta al otro, no está abierta a Jesús. Cada vez que en mi familia hemos sido capaces de abrirnos a los demás y acoger, compartir, o ayudar a otros, hemos visto que no solo no hemos perdido nada, sino al contrario, recibimos el ciento por uno y todo es más fácil de lo que parecía, era el mismo Jesús quien llamaba a nuestra puerta, y ¿cómo no le íbamos a abrir?


DESDE LA MISION
(hombre, soltero, estudiante, experiencia de Misión, pertenece a comunidad cristiana)  

El juez universal está presente en todos lo pobres de la tierra,  oculto tras sus rostros. Su presencia se revelará en el final. Sólo lo que se haga por amor será tenido en cuenta para juzgar nuestra fidelidad a Él. Este criterio de la misericordia pura y desinteresada por el más pobre como filiación divina, está abierta a todos, creyentes y no creyentes, pues el amor a los pobres no entiende de credos.
Esta verdad siempre me ha cautivado. Al final sólo contará el amor que hayamos sido capaces de cultivar y de cosechar, especialmente el que dirigimos a los más pobres. Al final nuestra labor misionera se resume en anunciar buenas noticias a los pobres y actuar en consecuencia.  Sin duda así lo ví en la Misión. En concreto, varias veces vi llorar a un misionero porque vió cómo no estaba a la altura, en varias ocasiones, del pueblo al que cuidaba y apacentaba. Una vez me comentó que no se merecía a “su gente”, que ellos le enseñaban muchas cosas a él, muchas más de las que él les podía enseñar.  Él estaba enamorado de ese pueblo, y hablaba como enamorado que quería ofrecer más de sí para un pueblo sufriente.

DESDE LA DENUNCIA PROFÉTICA
(mujer, casada, dos hijos, trabaja en Cáritas)  

¿Cuándo te vimos?… es mi clave y mi pensamiento recurrente.
La Campaña de Navidad de Cáritas este año tiene como lema  “¿qué haces con tu hermano?” y lo primero qué me vino a la cabeza cuando cayó en mis manos fue esta lectura curiosamente.
Qué estoy haciendo con mi hermano o cuándo te vi roto y miré para otro lado son preguntas que cuestionan mi implicación en el sufrimiento de tantos.
Y no tanto  porque te vea desnudo y no me acerque a la primera tienda sino porque hay marcas textiles que explotan, que dañan el medio ambiente y que ahogan a pueblos enteros (por ejemplo Bangladesh) y yo las consuma y mire  para otro lado.
Y no tanto porque te vea hambriento al salir de casa y te  invite en ese gesto cristiano a un bocadillo en el bar más próximo sino porque el hambre tiene nombres y apellidos y ni me molesto en informarme y formarme, porque las ONG como Oxfam nos acercan qué marcas están incumpliendo todos los códigos y pisoteando derechos de hermanos y yo mire para otro lado.
Y no tanto porque te vea sediento en un banco del parque después de  pasar la noche y te traiga una botellita de agua sino porque no defienda con todo mi alma ante mi ayuntamiento y en mi localidad que el agua es un bien público, porque no  colabore con alguno de tantos proyectos existentes que defienden el derecho al acceso al agua en países empobrecidos y yo mire para otro lado.
Uffffff ¿cuándo te vi?…en cada derecho pisoteado que no supe defender, en cada marca que mataba y ahogaba que no dejé de consumir y en cada grito de tantos detrás de una concertina que obvié.


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