¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FAMILIA
(matrimonio, ambos trabajan, con tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)
En este Evangelio impresiona el ímpetu de Jesús con los vendedores, y a la vez transmite el dolor de Jesús al ver que los judíos no entendían nada. Le duele que maltraten el lugar más importante para el pueblo: el lugar del encuentro con Dios. Creo que una de las claves de este pasaje es que Jesús se presenta a sí mismo como templo de Dios y cada uno de nosotros debemos vivir así también. Me hace pensar en las veces que no nos respetamos lo suficiente a nosotros mismos, que no nos cuidamos, que incluso nos “maltratamos”. Si Dios habita en nosotros, si nuestro corazón es el lugar de encuentro con Él, tenemos que cuidarlo, que cuidarnos mucho. En nuestra sociedad, aunque el culto al cuerpo está hiperdesarrollado, a veces el corazón se olvida, y mucha gente no se respeta a sí misma, con lo que es imposible que respete a los demás. Es importante transmitir a los niños ese profundo respeto y amor por uno mismo. Trasmitirles que en lo más profundo de su corazón habita Dios, que son templos vivos.
DESDE LA MISION
(hombre, soltero, estudiante, experiencia de Misión, pertenece a comunidad cristiana)
En la Misión dormíamos en una Iglesia. Era bastante modesta comparada con lo que estábamos acostumbrados. Era de planta circular, con paredes de ladrillo y techo de uralita. En la parte superior, en la unión de las paredes y el techo, había unas rendijas por las que se colaba el aire y el sol, además de otros “visitantes”. El aspecto era muy sencillo…pero en el sagrario estaba Jesucristo, y con eso bastaba. Ese lugar en el que dormíamos era espacio para la alabanza a Dios, las misas y celebraciones, las reuniones de los líderes de la Misión y para curar enfermos. Esas paredes albergaban, todos los martes, las sesiones de reflexoterapia que los propios parroquianos daban a cualquiera que lo pidiese. Y todo en el nombre de Jesús…con lo que eso implica: gratuidad y gratitud. Gratuidad porque no se cobraba nada, gratitud porque verdaderamente aliviaba muchos males de tanta gente, yo fui testigo y doy de ello fe y testimonio.
Ninguna otra cosa más se hacía entre aquellas paredes que las que se hacen en el Nombre de Jesús. Lo mismo que los cuerpos de los misioneros que llevaban esa Misión. Cuerpos entregados para el Reino, al estilo de Jesús. Noche y día, las 24 h del día.