SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA FAMILIA
(matrimonio, ambos trabajan, con tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)

A veces me pasa que los agobios del día a día, las prisas de la mañana, las actividades de los niños, las labores de la casa, las responsabilidades del trabajo, … me hacen vivir en la permanente justificación. Yo es que tengo esto, yo es que con los niños no puedo, yo es que ya no doy más de sí, yo es que tengo jornada completa, …. Y en este Evangelio Jesús nos propone que no mezclemos cosas, que tiene que haber un tiempo para cada cosa, para el trabajo, para la casa, para los niños y para Dios. Nuestra labor es buscar el equilibrio (yo creo firmemente que es posible), para darle a cada uno lo que le corresponde: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

DESDE LA MISION
(hombre, soltero, estudiante, experiencia de Misión, pertenece a comunidad cristiana)  

En la misión constaté cómo no había descanso en la vida de los religiosos con los que estuve. Uno de ellos me comentaba nada más llegar que comprobaría que es imposible tener “intimidad” en la misión, en la casa parroquial en la que vivían. Y así fue: cada día a cualquier hora podía aparecer alguien que necesitaba ayuda…Esto me dió a pensar: ¿me planteo yo así mi vida misionera? Llegué a la conclusión de que con frecuencia caigo en el pecado de hacer parcelas en mi vida: “este tiempo lo dedico a evangelizar…y este otro es para mí”. En el fondo era como los fariseos: vivía una vida en la que tenía perfectamente asumido que había un tiempo para cada cosa, un tiempo para dedicar a las cosas de Dios y otros tiempos para tantas otras cosas que a veces pretendían gobernar mi vida. Y qué difícil me es no parcelar. Estoy metido de lleno en el sistema y lo afirmo: yo también reconozco la efigie del César en mi vida. Negarlo sería mentirme a mí mismo. Señor, guíame para que llegue el día en que no me resulte tan familiar esa efigie, en que mi libertad para amar no esté condicionada por tantas cosas que no son tuyas.


DESDE LA DENUNCIA PROFÉTICA
(mujer, casada, dos hijos, trabaja en Cáritas)  

Durante mucho tiempo esta lectura me hizo estar en una dura lucha interna, pues me habían enseñado a través de ella que debía separar mi fe del “César”, de la implicación política. Un catequista que tuve, seguro que con muy buena intención, me ponía esta lectura de cabecera cada vez que intentaba implicarme (e implicar a mis compañeros) en movimientos de incidencia política como la lucha del 0,7, las firmas a los gobiernos para acabar con la pena de muerte, etc. Me decía “dale al César lo que es del César, esos temas no son nuestros” y yo llegaba a casa y me leí las Bienaventuranzas y me hacía un lío.
Esa parte de mí se cuestionaba ¿si no me implico en la parte política como voy a construir una sociedad más humana y más justa? ¿cómo voy a construir Reino y denunciar las injusticias y abusos si tengo que separar la fe y el César?
Cuando he compartido esto con amigos que ahora están inmersos en incidencia política, denuncia profética e incluso en partidos políticos desde su compromiso cristiano me han contado la misma experiencia. Que durante mucho tiempo les frenaba esta lectura e incluso acompañantes en su fe les aconsejaban leerla para que fueran prudentes.
El tiempo me ha enseñado a saborear esta lectura con otra visión, no de aquella pueril perspectiva. Claro que tengo que implicarme y claro que tengo que ser valiente y denunciar ante el “César” lo que se aleje del Reino, e incluso trabajar en política en favor de los más empobrecidos.


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