SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LOS SIN TECHO
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

Publicanos y prostitutas, los aventajados en el camino del Reino de Dios. Términos estos que sin duda engloban a otros colectivos como pueden ser los de los inmigrantes, los presos, los niños de la guerra o las personas sin hogar, entre otros. ¡Qué paradoja! Los históricamente reconocidos como excluidos, de nuevo ensalzados por Jesús. Y es que Dios no ceja en su empeño de tratar de poner el mundo del revés, o mejor dicho, del derecho. Los que nos consideramos afortunados tenemos mucho que aprender de todas estas personas, y lo digo plenamente convencido. Sé que suena a tópico, pero lo que he vivido y aprendido durante estos años compartiendo momentos con las personas sin techo, no tiene precio. Son muchas las emociones y sensaciones vividas; demasiadas para enumerarlas en apenas unas líneas, pero lo suficientemente intensas como para resumirlas en un GRACIAS por haberme acercado a Dios.


DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)  

Recapacitar y creer.
Nuestros hijos tienen que aprender a ser coherentes y a ser perseverantes en sus retos. Como siempre, el mejor ejemplo de coherencia lo hemos de dar los padres. Si quedamos con ellos en que el domingo vamos al parque para que monten en bicicleta, tenemos que cumplirlo como sea, salvo que haya un problema de fuerza mayor.
Por otra parte, en ese seguimiento cariñoso que les hacemos, tenemos que orientarlos hacia objetivos que les resulten alcanzables, en el convencimiento de que una vez empiecen el recorrido, no han de abandonar en el primer obstáculo. Nuestro cuarto hijo comenzó baloncesto, entusiasmado porque estaba su hermano, y al par de días, al asimilar que había chicos que “le daban un repaso”, ya, casualmente, no quería ir. Su hermano y nosotros le animamos sin agobiarle, y, de momento, vuelve ilusionado a esas clases. Ejercitarse en mantener un compromiso, en este caso baloncesto, más adelante en cosas más trascendentes, incluso en momentos de cansancio o desilusión (a nuestra hija mayor le aburre muchas veces la catequesis pero sigue asistiendo). Que sepan acabar lo que empiezan. Así también es el creer, la fe, un entrenarse en decir “sí” a Padre Dios y mantenerlo.

DESDE LAS RELACIONES PERSONALES
(matrimonio,trabajan ambos, pertenecen a grupo cristiano)  

En nuestras relaciones personales con los demás, viendo sus padecimientos, sus carencias, sus limitaciones… es dónde más fácil podemos escuchar al Padre decirnos, “ve a trabajar a la viña”. En muchas ocasiones cuando reflexionamos personalmente o en nuestros grupos fe… solemos dar a Dios una respuesta rápida “voy”. Pero luego va pasando el tiempo y todo queda en palabras y quizás buenas intenciones. En otras ocasiones, cuando el compromiso de trabajo en la viña es más palpable, al sentirnos cansados, decepcionados… puede que lo primero que nos brote como respuesta sea “no quiero”. Sin embargo iremos y al final vendremos reconfortados, aunque solo sea por el deber cumplido.
Señor que aun quejándome, vaya, que aunque me niegue de entrada, vaya… Y que por pertenecer a la Iglesia, por tener una fe… nunca crea que voy delante de nadie en el camino del Reino. Que siempre tenga presente que aquellos con los que me relaciono, aunque no sean personas de fe… son hijos tuyos, capaces de desarrollar en ellos, aun sin saberlo, las maravillas que proceden de Tí.


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