¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE EL TERCER MUNDO
(mujer, soltera, profesional, seglar del tercer mundo, comprometida con la promoción de su pueblo, pertenece a grupo cristiano)
Escuchar la Palabra de Dios y hacerla vida en el lugar donde nos encontremos nunca ha sido una tarea fácil, muy por el contrario existen infinidad de inconvenientes, los personales, los sociales y los estructurales. Tener los oídos y los ojos abiertos para mirar lo que sucede a nuestro alrededor no siempre es lo que se quiere.
Jesús habló en parábolas y agradeció al Padre por todos los que pueden entender sus palabras, no por su capacidad intelectual o de razonamiento, sino por la tierra en la que se pueden convertir y lo que esto puede significar para la humanidad, pues los frutos que se esperan de los que entienden su mensaje es de fraternidad, equidad y justicia.
El entender verdaderamente su mensaje nos debe llevar a actuar, a tratar de transformar, desde dentro, este mundo y sus dolores. Es claro que hay lugares donde es más fácil entender el mensaje de Dios, como dicen en la película “Más allá de las fronteras”, en algunos países las tragedias y las injusticias son tan extremas que Su Voz se oye clara y concreta interpelándonos y exigiéndonos actuar en favor de la humanización de las personas y las sociedades. Solamente nuestras acciones de vida demostrarán que clase de tierra somos.
DESDE LAS RELACIONES PERSONALES
(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a grupo cristiano )
¡Qué fácil me resulta entender desde esta parábola mi relación con los demás!
Como persona que trata de “sembrar la fe”, mis relaciones personales van unidas a mi tarea evangelizadora constante. Si tengo asumido el Evangelio en mi modo de vivir, estaré posibilitando que de una manera natural, espontánea, sin pretenderlo, casi sin darme cuenta, la semilla vaya cayendo en los que me rodean, a través de mi testimonio, mi ejemplo, las palabras, la acción.
Además, siempre que leo esta parábola y trato de asumirla, interiorizarla, me resultan un poco más fáciles las relaciones con los demás, porque veo en mí una parte de cada terreno. El vivirlo en primera persona, me lleva a asumir, que por muy buena y cuidadosa que haya sido la siembra del mensaje del Reino… no siempre dará el fruto esperado. Sentir que esto sucede en mí, me acerca a los demás, me lleva a la comprensión de lo que ellos hacen, a la aceptación de los pocos frutos o de la falta de ellos… Me lleva además a aprender a aceptar la incertidumbre de cual será el resultado del trabajo. Me aleja del cansancio, la desilusión, la desesperanza…
Quiero no caer en la tentación de esperar frutos, buena cosecha y que se me olvide que esta no depende mi. Mi única tarea es “sembrar de manera generosa” y aprender a ser “tierra buena”, que logre producir los frutos del Espíritu.