¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica
Hace años estuve viviendo en Alemania. Había viajado nueve meses antes para aprender el idioma, y como quería que el aprendizaje fuese lo más rápido posible, opté por matricularme en un curso intensivo para extranjeros. Pocas semanas después, estando en clase, el profesor nos pidió que tratásemos de contarle a los demás qué diferencias observábamos entre nuestra cultura y la alemana. Se suscitó entonces un debate lleno de frases inconexas y palabras ininteligibles, pero eso sí, con una enorme carga comunicativa. Muchas fueron las intervenciones, pero fue una la que me dio bastante que pensar. La realizó una chica africana (no recuerdo de qué país provenía), que no sin dificultad, repitió en varias ocasiones que, lo que más le llamaba la atención de las eucaristías europeas, era que la gente salía triste de los templos y que los pobres se quedaban en la puerta. Pocas veces unas frases tan mal construidas pudieron ser más elocuentes. Inevitablemente evoco sus palabras cada semana cuando acudo a celebrar la eucaristía y dejo en la puerta a varias de las personas sin hogar por las que pedimos unos instantes después durante la celebración. No sé si convendréis conmigo en que resulta cuando menos paradójico que, el Dios de los pobres, deseoso de ser comido y bebido por aquellos que más le necesitan, raramente ve cómo éstos participan del banquete al que nos convida.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
“El que come este pan vivirá para siempre”.
Es un gozo vivir guiados por Cristo, en comunión con El, sabiendo que quiere lo mejor para nosotros, que es precisamente SU AMOR, nuestra unión con El, que vivamos en su luz.
En nuestra Diócesis es tradición hacer alfombras de sal, flores o arena para la procesión del Corpus. Este viernes iremos con los niños por la noche a echar una mano en la confección de la alfombra de nuestra Parroquia. Para todos, niños y mayores, será una fiesta, un encuentro haciendo “trabajos manuales”. La haremos con dedicación en un esfuerzo colectivo, fijándonos en los detalles para que quede bien terminada, contribuyendo al adorno de las calles de nuestra ciudad. El resultado tendrá una duración efímera, pues tanta belleza quedará pisoteada en minutos, al paso del Cuerpo de Cristo. Es una enseñanza práctica para niños y adultos de entrega de nuestro trabajo bien hecho a Dios, en agradecimiento de todos sus dones. También nos puede ayudar a reflexionar a todos sobre algo que nos pasa a menudo: aunque las cosas a veces no nos salgan en la vida o no tengan continuidad (la alfombra), si Dios está, si frecuentamos la Eucaristía (para los niños el ejemplo vale más que mil palabras), todo tiene más trascendencia y más vida.