¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ACCIÓN MISIONERA (Preparando el octubre Misionero)
(mujer, casada, trabaja, 2 hijas, responsable de ONG-D, pertenece a comunidad y movimiento seglar)
Creo que el evangelio de este domingo, es una de esas Palabras que se repiten de forma sistemática a lo largo de nuestra visa de fe. Jesús nos pregunta “¿Quién dice la gente que soy yo?”, pero seguramente todo parte de: ¿quién digo yo que es Él? En mi caso, quizás en el todos, depende del momento. El Señor es el padre que me cuida, el amigo que me acompaña, el referente y ejemplo para mi vida… a veces quien me cuestiona y reprende, a veces quien me acoge y perdona; pero siempre, siempre… quien está presente y me ama. Él es PILAR de mi vida.
Y desde ésta, mi experiencia de Dios, me pregunto quién es Jesús para otros y pienso especialmente en quienes no lo conocen. En una experiencia misionera que viví hace años en Perú, con otros jóvenes y un muy querido sacerdote (que nos cuida ya desde el cielo); impartimos catequesis de iniciación en diferentes aldeas y se bautizaron más de un centenar de personas. Recuerdo con mucha frecuencia aquel verano y como el Señor se dio a conocer y se hizo real en la vida de tantos hermanos. Pero y los que siguen sin conocerlo, y no tan lejos, sino aquí, en mi entorno… cuanta misión por hacer, cuánto mundo por evangelizar, cuánta luz y sal que ser. ¡Seamos misioneros!.
DESDE LA FAMILIA (2009) “En el año Familia Amoris Laetitia”
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Jesús, hoy me preguntas “¿quién dices que soy Yo?”
Para mí eres el Amor de mi vida, un Amor tan grande que sólo en Tí mi vida cobra sentido. Mi Salvador. Sólo cuando descubrí Tu Amor por mí, pequeña y débil, sólo entonces, fui capaz de comprender el camino de redención que me ofreces. Un camino que no es de este mundo, porque yo ya no soy de este mundo, me has comprado con Tu Sangre. Un camino que eres Tú, mi Señor. Un camino de Verdad y Vida. Donde hay que amar hasta que duela, como amaste Tú primero. Donde me niego a mi misma para ser plenamente libre en Tu Voluntad, por mi voluntad. Y qué difícil es amar la cruz, cómo pesa, cómo duele,… Y qué difícil defender la Verdad de los latigazos y escupitajos, de las burlas y calumnias… en esos momentos de dificultad, te ofrezco mi sufrimiento, te lo ofrezco por los demás, te lo ofrezco a través de María. Mi pequeña ofrenda se convierte así en lo más bello que puedo entregarte y Tu Amor me colma y consuela. Sólo en Tí la salvación tiene sentido.