SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LOS ABUELOS (2009)

(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

No se entenderían ni la vida de Jesús ni su muerte si no es desde el prisma de la libertad. En el Evangelio de hoy, Juan nos da la clave al transmitirnos las palabras del Maestro: «Porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla». Por la libertad de Adán y de Eva perdimos la referencia del ejemplo a seguir y con libertad Jesús se convierte en ejemplo perfecto para ser seguido: El nuevo Adán, que además de ejemplo se convierte en nuestra salvaguarda y custodio. Así que, hermanos, estamos en muy buenas manos. El Buen Pastor conoce perfectamente a sus ovejas y nosotros, sus ovejas, conocemos al Pastor.

Señor, no permitas que nuestros nietos y el resto de la juventud sean dispersados de tu redil, haz que se entreguen a ti con confianza, ellos y todos los llamados por Ti, para que seamos un sólo rebaño con un solo Pastor.

DESDE UN PROYECTO DE FAMILIA

(mujer, soltera, próxima a contraer matrimonio, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

En esta parábola Jesús se nos presenta como “el buen pastor” y nos plantea dos posibles caminos a tomar en la vida del cristiano. Por una parte, está el asalariado, es aquel que aparentemente hace bien su trabajo, pero cuando la situación se complica y ve cómo su seguridad y su bienestar peligran, desaparece. El asalariado pasa por la vida de puntillas, quedándose en la superficie, no conoce a su rebaño, no le importa, prioriza su seguridad y egoísmo por encima del bien común.

Por otra parte, está el buen pastor, aquel que “da la vida por las ovejas”, conoce a cada una de sus ovejas, las protege del peligro, y recordemos, que es capaz de encontrar a la perdida entre las otras 99 (Lucas 15, 3-7). El buen pastor, además, intenta que otros rebaños desorientados sean capaces de ir hacia él, de escuchar su voz y ser transformados. Ahora bien, ¿en qué aspectos de nuestra vida actuamos como asalariados o como buenos pastores? Con mi pareja, mis amigos, mi comunidad, mis familiares –sobre todo los mayores–, ¿paso tiempo de calidad con ellos? ¿me limito a preguntar qué tal ha ido el día o de verdad soy capaz de interesarme por ellos, de reconocer sus debilidades, sus miedos, su soledad, ¿estoy ahí cuando se acerca su peligro? ¿Me acerco al necesitado, a aquellos cuya voz ni siquiera escucho, o me limito a dar limosna, pero despreocuparme como el asalariado? Señor, danos fuerza para ser mejores pastores con los que consideramos “nuestro rebaño” ayúdanos a sentirnos reconocidos por ti y a escuchar siempre tu voz cuando seamos nosotros las ovejas perdidas del redil.

 


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