¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”. Toda mi vida pretende ser una respuesta a este Amor que me tiene. Todos tenemos la experiencia de sentirnos amados y la respuesta más natural y humana es que ese amor se transmita y nos desborde. Le pido a Dios que sepa superar las miles de excusas que se presentan todos lo días. Y esa entrega del Hijo, que, a través de su Espíritu, sigue siendo realidad hoy día, nos permite que Dios siga trabajando con y a través de nosotros (a pesar de los pesares) en nuestro compromiso por una sociedad de personas libres y fraternas. Y hoy día, en que muchos millones de personas están amenazadas de muerte por hambre (más que de costumbre) por la codicia de unos pocos, es urgente e imprescindible que redoblemos esfuerzos para denunciar y promover cambios que terminen de una vez por todas con esta innombrable lacra del hambre.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Entregar a quien más quieres es el acto de amor más generoso que jamás ha existido. En una pareja, en una familia, hay que dar y regalar, día tras día, actos de amor. Hasta el punto de sacrificar incluso lo que más te gusta, lo que más amas, lo que más te apetece, por salvar, por dar vida, por buscar lo mejor para tu esposa/o, para tu novio/a, para tus hijos, para tus padres, para toda tu familia. Es complicado, porque a veces, buscamos nuestro propio interés, nuestra propia satisfacción, nuestro propio corazón, pero acampar en el corazón del otro, apostando incluso lo que más amas, es lo que Dios hizo por todos nosotros. ¡Qué inmerecido y maravilloso amor! Este amor es el que nosotros tenemos que vivir, lo demás son “pamplinas”.