SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

LA PASCUA DESDE UN SEGLAR

(hombre, casado, 2 hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar) La vida siempre encierra dificultades. Es algo común a todas los tiempos, algo a lo que ninguna persona logra permanecer completamente ajena. Las tuvieron nuestros padres e igualmente las tendrán (ya las tienen) nuestros hijos. Siendo esto así, no cabe duda de que en determinadas épocas estas dificultades se acentúan hasta antojarse insalvables. Tras un año peleando con un bicho que ha puesto nuestro mundo patas arriba, que ha afectado todas las dimensiones de nuestra vida y trastocado por completo nuestro horizonte más cercano,  parece que nos encontramos plenamente sumidos en una de ellas, atravesando al unísono como especie una profunda y oscura cuaresma en la que no se vislumbra luz alguna. Sin embargo, los cristianos tenemos que descartar esa tentación crepuscular. Estamos llamados a ser luz y sal de la tierra, y es en momentos como estos en los que hemos de ser capaces de ponernos en pie, como María Magdalena, y acudir al sepulcro en búsqueda del Señor, iluminando el camino de cuantos nos rodean. El Señor nos ha hecho testigos de su Resurrección. Ha operado en nosotros el paso de la muerte a la vida y nos ha encomendado dar testimonio de lo que hemos visto y oído. En un mundo donde las noticias son cada vez más catastrofistas, donde el pesimismo y el cansancio existencial se van extendiendo cada vez más, los cristianos estamos llamados a ser testigos de vida y esperanza, porque Cristo ha resucitado y su Resurrección ha cambiado ya para siempre el signo de la historia, aunque esto no nos evite las dificultades presentes.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA

(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

Al igual que ocurre hoy, también en su propio tiempo la figura de Jesús resultaba atractiva para gente muy dispar. El cercano milagro de la resurrección de Lázaro lo habría convertido además en una suerte de moderna estrella mediática, y al llegar a Jerusalén mucha gente, como los griegos del pasaje evangélico, querían verlo de cerca y escucharlo, imagino que buena parte de ellos con la pretensión de presenciar un nuevo prodigio.

Con esas expectativas, estoy convencido de que tanto nuestros griegos como el resto de habitantes de Jerusalén quedarían desconcertados con sus palabras. Porque el anuncio y la invitación que les hace Jesús, los mismos que hoy también nos dirige a nosotros, distan de cualquier otro que podamos recibir.

En un mundo dominado por el “yo”, donde con frecuencia todo lo supeditamos al bien superior que constituye nuestra mejor conveniencia, el Señor se muestra como víctima propiciatoria dispuesta a inmolarse gratuitamente por nosotros. Nos invita a abandonar nuestros egos y seguirle. Nos anima a recorrer junto a Él el camino de misericordia, perdón y amor que nos propone a lo largo de todo el Evangelio.

La oferta está sobre la mesa y no sé si, para nuestros hijos, será más atractiva que la que youtubers, instagramers e influencers les lanzan a diario. Lo que sí sé es que, a lo largo de la historia hemos sido muchos los que, por diferentes motivos y con distinto resultado, nos hemos acercado a escucharla. Vale la pena seguir proponiéndosela. La recompensa no es pequeña.


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