SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

De momento este evangelio parece algo muy radical, muy duro, muy desconcertante, pero en realidad es algo que he experimentado en mi vida, si no pongo a Dios en el centro, como lo realmente importante y único, pierdo el tiempo, la vida, la salud y todo. Muchas veces he puesto la profesión de medicina como lo primero y pensando encontrar mi realización, mi perfección, sólo he encontrado disgustos, falta de reconocimiento, desilusión. No estaba la vida en conseguir la tesis, no estaba la vida en conseguir ser la que más cursos y máster tiene.  Porque era para MI vanagloria, no para gloria de Dios. Me encontraba vacía con esos objetivos. Mientras que cuando he puesto a Dios al centro de la profesión, todo encaja, pasa a ser una misión, no un trabajo que conseguir metas que no me llenan. En esa misión en el trabajo me siento feliz simplemente poder hacerla, sin necesitar reconocimiento, sin exigencias, con amor y gratitud a Dios que me regala el discernimiento en los diagnósticos, en los tratamientos, en las palabras de consuelo, en las palabras de aliento y de esperanza a los pacientes que haya que darles malas noticias, como un don, un regalo que me concede el Señor para dárselo a los pacientes. Realmente me llena, me da plenitud y sentido a mi vida.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

El Señor me pide optar por Él, pero no me está haciendo la prueba del algodón. Lo que me está pidiendo el Señor no es medir si lo quiero a él más que a los demás, como hacen mis nietos algunas veces cuando me preguntan “¿y tú a quien quieres más a mi o a …?”. En mi vida el Señor tiene su espacio especial y único, de la misma manera que cada uno de los miembros de mi familia o mis amigos tienen su espacio único, ninguno se superpone, ninguno es mejor que el otro, ellos me llevan a Dios a la vez que cada uno trae un poquito de Dios a mi vida.

¡Tantas veces tenemos que elegir a lo largo de la vida! y elegir es optar, y optar conlleva renunciar a algunas cosas frente a otras. Lo que me pide es que renuncie a todas esas personas o cosas que me separan de su amor.  Me pide que supere los límites que conforma mi familia para abrirme a los demás. Me pide no vivir centrada en mí y que le tienda la mano al prójimo. Me pide que no me acomode en mis seguridades mientras haya otros privados de los más mínimos derechos. Me pide que viva cada día con lo bueno y lo malo que se me presente de la mejor manera posible. Todo eso es lo que me pide y para hacerlo necesito esfuerzo, empatía, perseverancia, generosidad, sacrificio, bondad, nobleza, en eso es donde tengo que poner el acento, y progresar cada día.


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