¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR
(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)
Hoy el Evangelio nos muestra la evidencia de nuestra Fé, Cristo ha resucitado. En este pasaje vemos cómo los dos apóstoles reciben la noticia de parte de María Magdalena y acuden al sepulcro corriendo para comprobarlo, y lo que ocurre es que, aunque salen corriendo juntos, cada uno llega en un momento distinto al sepulcro; la juventud de Juan hace que llegue primero, y esa misma juventud, le hace esperar a Pedro en la entrada del sepulcro, seguramente no se atrevería a entrar solo. Pedro, probablemente debido a su edad, llega al sepulcro después de Juan, pero esa madurez, sin embargo, es la que le ayuda a tomar la iniciativa y entrar en el sepulcro, y sólo entonces es cuando Juan se decide a entrar y juntos ven y creen.
En las cofradías nos pasa esto continuamente, la juventud y la madurez conviven diariamente, el camino a recorrer es el mismo, como les pasó a los apóstoles, al igual que la meta es la misma, descubrir a Cristo resucitado. Es el camino el que se recorre de forma diferente, la juventud nos lleva a ser impetuosos a querer cambiar las cosas y a ser críticos y disconformes con los planteamientos, con la toma de decisiones, etc…. y es la madurez la que da templanza, serenidad, enseñanza y explicación del por qué de las cosas, y por supuesto permite ir transmitiendo la tradición de generación en generación. Juventud y veteranía deben convivir en nuestras cofradías, cada una debe aportar sus dones, juntos han de recorrer el camino, para como los apóstoles, descubrir en nuestras cofradías que Cristo ha resucitado, que todo tiene sentido y que Cristo vive y esa Verdad es la que da sentido a que nuestras cofradías existan y perduren en el tiempo.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Son muchos los signos de muerte y resurrección que tenemos en nuestra vida. En el tiempo que he estado mala, he tenido noches muy negras, momentos de angustia, con el ánimo muy negativo, eran momentos de muerte. Frente a esto me he sentido muy querida. He sentido el apoyo y la cercanía de mucha gente. Recibí muchos mensajes de personas que me decían que rezaban por mí. Todo eso me daba ánimos para salir adelante, para luchar, para no darme por vencida, para salir de la oscuridad. También momentos de oración profunda. De sentirme sostenida por el Señor. Me levantaba y volvía la luz, eso es resurrección.
También hoy veo signos de resurrección en medio de esta pandemia. En esta sociedad donde priva el ser, el tener, el brillerio y el egoísmo, (momentos de muerte), Estamos viendo tantos y tantos testimonios de personas solidarias, de gente buena con actitudes extraordinarias que las engrandece. Parece que estamos despertando del letargo en donde estábamos metido, que estamos volviendo a esos valores de ayudar, de pensar en los demás. Me consta que se está produciendo un cambio profundo en el interior de muchas personas. Valorando más todas esas pequeñas cosas que teníamos y a las que no dábamos importancia. Ya no miraremos al otro como alguien ajeno a nuestra vida. Priorizaremos lo “nuestro” sobre lo “mío”. Estamos resurgiendo como personas nuevas, porque la resurrección nos convierte en seres nuevos.
La resurrección viene del Señor, ojalá sepamos resucitar de todo lo que nos aleja de él, de todo lo que nos aleja del hermano.